Uno de los capítulos más interesantes en las neurociencias es laidentificación de  los corredores  cerebrales por dónde camina el odio. La investigación ha contribuido a conocer su entramado. Permite  entender y conocer más el cerebro,  responsable de la génesis y origen de  esta emoción, negativa y dañina (Zeki, PlosOne)

En el experimento señalado, la evaluación diagnóstica se hizo con resonancia nuclear magnética funcional. Al grupo de estudio  se le mostró fotografías de personas que odiaban y se detectó cuales estructuras cerebrales  involucradas se activaban. Así, el lóbulo frontal medial el cual aloja la capacidad de raciocinio, la primera. La ínsula, área  lateral entre las superficies de los lóbulos frontal y temporal, la segunda. Esta área escondida cataliza las reacciones y expresiones de disgusto y aversión. La última lateral, profunda, conocida como el putamen. Está implicada en la actitud agresiva (planifica la respuesta activa)

Estas tres estructuras guardan relación y constituyen el espiral del odio. Es su circuito cerebral y posee valor cuantitativo: mayor es el odio, mayor encendido de las áreas mencionadas. Que tal esta maravilla, el sentimiento le da color a la intensidad del estímulo y hoy días nuestras imágenes  pueden ponderar su respuesta.

El cerebro necesita aferencias y entradas. La represa del odio se llena de varias laderas: las individuales, prejuicios y prevenciones. Acá las mentiras y verdades a medias son responsables y socaban la baja autoestima de la persona. Se mezcla con sus necesidades insatisfechas y la mecha social se va alimentando. Prevenciones como las  creencias, el fanatismo y su visión excluyente de sociedad plural. El color de la piel y la identidad sexual hacen parte de las cuencas que van llenando el reservorio del odio.

Pero hay quienes son poseedores de una emoción negativa que se comporta como el krokodil: los carcome por dentro y para dañar la sociedad  contagian su adicción con palabras que solo siembran odio. Manipuladores más que líderes de opinión (políticos, educadores, clérigos). Piensan que inyectando odio van a lograr mezquinos intereses personales sin importar  destruir los bienes públicos que con  esfuerzo hemos construidos. Quien siembra odio solo recogerá violencia. Es un carro sin freno, un tiquete sin  regreso que ya inoculado no tiene control.

Y las autopistas de doble calzada donde circula sin límites de velocidad la virulencia del odio: los medios de comunicación y las redes sociales. Imágenes dantescas que se pasan varias veces hasta que quien las veas las fija en sus estructuras profundas cerebrales. Expresiones azuzadoras que en individuos pletóricos de emociones negativas son dinamitas.

Por otro lado, las redes sociales, que cobijadas muchas veces por el anonimato, distribuyen las mentiras y amplifican en forma ligera e irresponsables los hechos. Redes sociales sin control, inmunidad que protege a quien escribe y terreno fácil para la agresión verbal y la  calumnia. De plataformas a tarimas donde se trepan los incitadores de violencia. Son tristemente utilizadas, como  las enzimas, catalizadoras de la neurogénesis del odio.

Cuando el odio llega a la torre de control, el lóbulo frontal medial, solo inhibe una parte de su capacidad de raciocinio y análisis. Quien odia actúa en forma deliberada. No es válida “la pérdida del juicio”. Planea, ejecuta el daño y la vileza hacia  la persona odiada. No importa la magnitud del atentado (físico o moral), la dignidad de la persona,  transparencia de su hogar o la pureza de su familia. Todo les rueda, es acabar y arrasar a quien se odia, ¡cualquier precio lo justifica! Algunos ejemplos de la semana pasada, muchos ciudadanos (civiles y policías) estuvieron en peligro por los delitos cometidos bajo el amparo del paro .El odio se hizo manifiesto en el pillaje, atentados  y  acciones  planeadas por el terrorismo.

Que diferencia y contradictorio  con el amor romántico y la forma como el cerebro lo maneja. Aunque comparten varias estructuras cerebrales, amor y odio, actúan diferentes. El  impulso romántico  cuando llega al lóbulo frontal lo inhibe casi en su totalidad. Por eso, no hay razonamiento o análisis cuando la persona está enamorada. “El amor es ciego”. El odio y sus apéndices se ejecutan con los ojos bien abiertos.

Hay una minoría contagiando odio y los contras que evitan su expansión los encontramos ya formulados. La ONU recomienda el antídoto de la tolerancia descrita como la “armonía en la diferencia” sin aceptar la injusticia social. Ghandi

sugería: “conviértete en el cambio que deseas ver en el mundo”. Y la neurobiología aconseja: activar el circuito de la empatía que tiene un gran letrero: respetar derechos y cumplir deberes.

@Rembertoburgose

Publicado: diciembre 6 de 2019