El futuro lo construimos todos los días y no depende de ninguna encuesta amañada. Porque es el legado que trabajamos en el presente, aprovechando los logros del pasado. Como nación, debemos ser conscientes de los logros alcanzados, a pesar de los errores cometidos; también, de los vacíos que no se pueden negar.

No obstante, eso de jugar al suicidio colectivo, apoyado en epítetos “fenomenales”, dejémoslo para otra oportunidad. Recordemos que cuando los niños juegan con candela, normalmente se queman. Pienso, además, que ninguno de los que pagaron por esa “primera foto” quiere chamuscarse.

En conclusión, queridos lectores, compartamos como sociedad libre este mensaje, especialmente dirigido a los directores de los medios “enmermelados” que hoy están impulsando encuestas inoficiosas: ni Petro, ni comunistas, ni narcos, ni terroristas de su laya pueden llegar al poder. Pongámonos de acuerdo: es tiempo de proyectar, no de enterrar.

Es claro que más del 95% de los colombianos estamos hastiados de tanta mentira, atormentados con el estado actual de las cosas y deseosos de dar un giro de 180 grados en el rumbo que actualmente presenta nuestro país. Seamos honestos: el legado santista sabe feo, huele feo y nos lleva al caos en su más ampulosa presentación. Por esas razones, con toda seguridad, en marzo y en mayo lo vamos a derrotar.

En la encuesta de carne y hueso –la que vale-, el pueblo que vota enviará varios mensajes: primero, la libertad por encima de todo; segundo, la tierra que nos vio nacer y que está viendo crecer a nuestros niños no será expropiada por nadie (por más petro-chavista que sea); y tercero, vamos a darle una trompada a la corrupción, ese monstruo que busca arrasar con el trabajo de familias enteras que, de sol a sol, dan lo mejor todos los días.

A quienes hoy se acercan al comunismo o avalan el nombre de quienes ya demostraron incompetencia como gerentes de lo público, les recordamos que esta manifestación de lo peor del alma humana, ha sido desterrada de países como Rusia, Polonia, Estonia, Lituania y Letonia, por citar algunas de las naciones que padecieron los horrores prácticos de este modelo político.

Otro asunto que no pueden desconocer es que, hoy día, el narcotráfico tiene sus mayores capos en la izquierda. ¿O alguien puede objetar que los negocios que mueven las Farc y que impulsan quienes aprobaron la legalización de la dosis personal, no están en su inmensa mayoría alinderados en ese espectro ideológico?

Los candidatos de la izquierda colombiana hablan de decencia. Van para ellos unas pregunticas: ¿es decente respaldar un proceso de paz que lo único que ha hecho es otorgar impunidad a una banda de traficantes de cocaína que, a lo largo de 64 años, ha violado sistemáticamente todos los derechos humanos?

¿Qué decencia encuentran en personajes que pasaron por encima de adultos mayores vulnerables, cerrando casas de la tercera edad y comedores, para dar generosas partidas presupuestales a minorías que bien pueden valerse, en lo económico y en lo social, por sí mismas?

¿Podemos calificar como decente anunciar “obras públicas entregadas”, cuando éstas jamás se llevaron a cabo durante sus mandatos? ¿Y qué decir de sus posiciones contrarias a la familia y la vida?

Es tiempo de voltear la página y proyectar nuestra grandeza como Nación: Colombia es un pueblo que no quiere seguir la ruta que Chávez le marcó a Venezuela. Acá no, señores.

Con todo respeto: Elevo mi oración por el alma de mi amigo Hernando Correa Peraza, colombiano ilustre, periodista, historiador, profesor y guerrero de la Libertad, quien partió al Cielo con honor. Lo último que me dijo, el lunes 5 de febrero, fue: “Ni Petro ni la izquierda llegarán al poder, porque Colombia no le cree a las encuestas enmermeladas”. Paz en su tumba.

 Intentar mantener buenas relaciones con un comunista es como cortejar a un cocodrilo. Cuando abre su boca, no puedes decir si está intentando sonreír o preparándose para engullirte”. Winston Churchill.

@tamayocollins

Publicado: febrero 14 de 2018