Se equivocan quienes creen que el ELN es una agonizante guerrilla apegada a unos “principios” románticos de defensa de los desposeídos y oprimidos a manos de un Estado indolente y excluyente.

Hoy por hoy, la otrora organización camilista, inspirada en la revolución cubana y en los lineamientos del terrorista Ernesto Che Guevara, es una de las más poderosas organizaciones de narcotráfico de América.

En septiembre del año pasado, la DEA -máxima autoridad antinarcóticos de los Estados Unidos- anunció que el ELN era considerado como uno de los principales objetivos en la lucha contra el tráfico de estupefacientes. Así mismo, el entonces fiscal general norteamericano, William Barr informó personalmente de la captura de 6 miembros de esa guerrilla considerados como objetivos de alto valor en la lucha contra el narcotráfico: “La captura de estos 6 miembros del ELN reafirman nuestro compromiso de desmantelar y desarticular este grupo narcoterrorista. Estados Unidos y Colombia tienen la misión compartida de combatir el narcotráfico y el narcoterrorismo”.

Desde 1997, el ELN está en la mira de las autoridades norteamericanas. Aquel año, esa guerrilla y las Farc fueron incluidas en la lista de grupos terroristas internacionales que elabora el Departamento de Estado.

Abundan las informaciones de inteligencia que confirman que el ELN se ha estado encargando de copar los espacios que otrora estaban en poder de las Farc y que ahora tienen su brazo armado, denominado ‘disidencias’.

Lo cierto es que la guerrilla fundada por los bandoleros hermanos Vásquez Castaño se ha consolidado como el grupo armado ilegal de mayor peligrosidad en nuestro país y aquello puede confirmarse con las recientes revelaciones de la Revista Semana respecto de los computadores del recientemente abatido cabecilla de esa organización, alias Uriel.

A leer los documentos de ese criminal, es imposible no hacer un paralelismo con el caso de Raúl Reyes, otrora jefe de las Farc dado de baja durante el gobierno del presidente Uribe.

El material revelado por la revista capitalina permite dilucidar el altísimo nivel de penetración política del ELN en Colombia y en otras naciones, particularmente en Ecuador donde una vez más aparece el nombre de Rafael Correa quien en el pasado estuvo íntimamente vinculado con las Farc, tal y como pudo desprenderse de la información incautada a Raúl Reyes quien, por demás, fue dado de baja en el vecino país, donde vivía plácidamente bajo la celosa protección del régimen de Correa.

Ahora, les corresponde a las autoridades judiciales colombianas estar a la altura de las circunstancias y evitar que se repita el sainete del computador de Reyes cuya información jamás fue judicializada. Todas las personas aliadas con ese jefe terrorista quedaron impunes. En ese momento, la justicia envió un mensaje retorcido pero inequívoco: tener tratos con la guerrilla es algo virtuoso, luego no será reprochado penalmente.

Preocupa, por ejemplo, que la Corte Suprema de Justicia, tan ágil para darle credibilidad a falsos testigos contra el presidente Uribe, haya engavetado las pruebas contundentes que tiene en su poder contra el senador de Norte de Santander, Jesús Alberto Castilla quien es miembro orgánico del ELN.

Castilla, que en el interior de la guerrilla tiene el nombre de guerra de Emilio o El Canciller, antes de llegar al Congreso de la República -obviamente financiado e impulsado por el ELN-, estuvo involucrado -de acuerdo con las pruebas que en su momento le remitió la fiscalía a la Corte Suprema- en actos de extorsión y secuestro.

¿Por qué el magistrado de la sala de instrucción Misael Rodríguez no ha llamado al senador Castilla ni siquiera a que rinda una simple versión libre? ¿Acaso no es muy grave que un comandante de la organización terrorista ELN ocupe una curul en el Senado de la República?

Sobre el caso de Castilla puede leer

El senador del ELN

La tarea es de gran magnitud. Además de los tentáculos que la organización terrorista tiene en Colombia, es perentorio, así mismo, identificar a sus “embajadores” en otros países. Determinar quién o quiénes son las personas encargadas de representar a ese grupo en Europa y Suramérica.

Otro detalle que a primera vista no parece de mayor trascendencia es el que tiene que ver con Honduras, donde aparentemente hay delegados del ELN. Como es bien sabido, ese país centroamericano es uno de los principales puentes para el tráfico de estupefacientes. Al respecto, no deja de ser por lo menos sospechoso que en Tegucigalpa viva quien en el pasado fuera uno de los portavoces de las Farc en Europa. Se trata del ciudadano sueco Dick Emanuelsson, considerado por las autoridades de los Estados Unidos como “persona de interés”, motivo por el que tiene prohibido su ingreso a territorio estadounidense, precisamente por sus vínculos con el terrorismo internacional.

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 2 de 2021