Esta calamitosa situación provocada por una pandemia impensada y que tiene a la humanidad confinada, abrió un debate entre teóricos, académicos, científicos y políticos que tiene a todos preguntándonos si salva la economía o la vida.

La cuarentena generada por el coronavirus no solo permitió abrir la ventana interior para reflexionar sobre nuestro comportamiento individual y nuestro proceder para con el prójimo. También nos ha permitido evaluar nuestra adicción consumista, resultado de un mundo saturado y asfixiado donde prima el dinero sobre principios y valores éticos, los cuales deberían tener una mayor prelación en nuestras vidas. Eso es lo que estamos evaluando en casa por estos días: qué es realmente importante y necesario.

Abrir esos debates en estas épocas de confusión, perturbación, angustia y pánico, es una verdadera torpeza. Aquí es muy común convertir obviedades en sentencias filosóficas; que si la paz o la guerra; que si al agua o el oro. Ahora, pretender meter a la gente en un debate insustancial e incensario solo para seguir abonando debates políticos e ideológicos que deberían estar archivados o por lo menos pausarlos en este trágico momento es una tontería.

Es impensable no proteger la vida, es un deber de la humanidad; y para los creyentes, un mandato cristiano. Pero de igual forma, los gobernantes tienen la obligación de preservar la economía, como herramienta de desarrollo social. Es por ello la famosa frase de que “si a la economía en general le va bien, a todos nos va bien”

El confinamiento deteriora la economía, porque frena la dinámica de oferta y demanda de los diferentes bienes y servicios, afectando por lógica, a unos sectores de la economía más que a otros, pero en general impacta los niveles de desempleo, y por ende el nivel de ingresos de las familias para satisfacer sus necesidades; también afecta el ciclo económico negativamente a futuro, convirtiéndose, de no tomar medidas en un círculo vicioso que desacelera la economía. Aquí es donde aparece la responsabilidad del gobierno nacional.

Ante esa disminución de la dinámica, el gobierno nacional ha tomado entre muchas acciones, facilitar liquidez a través del sistema financiero como medida de solventar los diversos sectores de la economía y mantenerla en movimiento a pesar de la restricción decretada. La mayoría de los bancos, en un sentido de responsabilidad social como nunca visto, se han solidarizado facilitado a las personas y/o empresas, en promedio, prorrogar por 2 a 4 meses las cuotas de los créditos. Algunas empresas de servicios públicos también se solidarizaron reconectando a morosos y ofreciendo planes de refinanciación en unos casos, en otros prorrogando o subsidiando el valor de la factura de servicio.

Algunas empresas han sido generosas manteniendo el salario a sus empleados, como es el caso de Arturo Calle, en otras con menor capital de trabajo, han decretado vacaciones, pero son decisiones del sector privado que no se cuestionan, porque hace parte de las decisiones de la propiedad privada, pilar de la economía de mercado que nos caracteriza.

Lo importante para resaltar de todo esto, es que las diferentes acciones o medidas tomadas busca impactar de manera positiva para que en medio de la cuarentena se minimicen preocupaciones individuales al permitir que el ingreso disponible de las familias, por el momento tengan otro uso que es el mercado en la nevera.

El dilema económico más allá del dilema sanitario es que el nivel de ahorro inexistente para la mayoría de las familias colombianas, por cuanto somos una sociedad que se desarrolla al “debe”, no generan la tranquilidad para pasar de una veintena a una cuarentena solventando las necesidades básicas como es la alimentación. Aquí es donde aparece el verdadero problema y tragedia desde una dimensión humana para la mayoría de las familias colombianas. La nevera llena o vacía es el mejor indicador de calidad de vida de la mayoría de los colombianos.    

La gente del común, los de a pie, que son siempre la mayoría no hablan de estadísticas, no miden las cosas desde la ventana científica o económica que se ventila por estos días. Esa gente mide y ve la vida diaria a través del dinero que tiene para poder comprar el mercado que llena la nevera.

¿salvar la economía o la vida? Es un debate insustancial, inocuo e innecesario en tiempos donde lo que se requiere es pragmatismo, lógica y sentido común para que las cosas comiencen a funcionar de manera positiva para todos en medio de esta pandemia mundial.

Dejemos de lado la política electoral, el calculo mezquino, para entender que necesitamos unidad entorno a las decisiones tomadas con rigurosidad técnica, científica y social por parte del Presidente de la República, para salir pronto a remar todos en la misma dirección por el bien de Colombia.

@LaureanoTirado

Publicado: abril 7 de 2020