El mercado laboral siempre ha sido uno de los grandes temas de debate en las agendas de gobierno del mundo, la trayectoria que ha tomado en las últimas décadas ha estado marcada por dos variables significativas: salarios y productividad, en  momentos de auge, se esperaría que los salarios tiendan a ajustarse con incrementos de productividad por encima del nivel esperado, lo cual permitiría explicar una mejor distribución de los ingresos entre los trabajadores, para de ahí en adelante configurar los mecanismos de equilibrio respecto de la jornada laboral, los costos laborales y las bonificaciones por producción.

No obstante, de lo anterior, la agenda en materia laboral en una situación como la que nos ocupa en este momento, tiene que ver directamente con la garantía de mantener los contratos para evitar una contracción mayor de los ingresos de los colombianos, así como de la capacidad productiva de la economía que también se encuentra mermada.

Sumamos, por tanto; una de las mayores tasas cíclicas de desempleo, con una baja capacidad de operación de las empresas y un recorte sustancial de los ingresos operacionales, tenemos un sistema productivo que opera a menos de la mitad de lo esperado y una coyuntura laboral que se traduce en un incremento de 5.3 millones de trabajadores ahora en una condición de desempleo.

No es para menos, el mercado laboral es sensible a los choques de demanda, ocasionados por la pérdida de velocidad a la que producen las empresas, máxime en un escenario donde los sectores económicos más afectados han sido prácticamente todos, no podemos diferenciar entre los más y los menos, todos están pasando una de las peores crisis nunca vista en el pasado.

Ahora bien, la tasa de desempleo nacional se ubica para el trimestre de referencia en 19.8% y 23.5% para las 13 ciudades principales, para las 10 ciudades donde más actividades se concentran, la tasa de desempleo se traduce en un 37%, es decir que, a nivel agregado, el mercado laboral deja ver las debilidades en la concentración de demanda de trabajadores, explicando una vez más el comportamiento de migración a los principales centros productivos.

En síntesis, el mercado laboral depende de la estabilidad de las actividades productivas a nivel agregado en distintos escenarios de tiempo, observándose una marcada debilidad a los choques de demanda de trabajadores, producidos por situaciones inesperadas como una pandemia. El costo de perder el empleo radica en la pérdida de garantía de mantener los gastos del hogar, sumados a las deudas adquiridas por múltiples negociaciones y al riesgo de empeorar la calidad de vida de las personas en su conjunto.

Así las cosas, la agenda del gobierno nacional respecto de la perdida sistemática de empleos, ha llevado a la creación del Programa de Apoyo al Empleo Formal (PAEF) a través de subsidio a la nómina y pago de primas, para evitar una desbandada mayor sobre el desempleo, también ha buscado la manera de un ingreso con cobertura por medio del mecanismo de protección al cesante, y ha articulado la estructura de cooperación para mantener el empleo a través de figuras complementarias como el crédito para capital de trabajo, reducción en los costos laborales por pago parcial de pensiones y alivios tributarios sobre la declaración de renta.

No ha sido una tarea fácil, actuar sobre el mercado laboral en su conjunto y a través de los mecanismos apropiados ha significado la aplicación de una política laboral exprés que ha evitado un escenario peor de paro y contracción.

Sobre las críticas al desempleo, las hay en todas sus formas, algunas con justa razón y otras con simples observaciones apocalípticas sobre las que el Estado tiene toda la culpa, lo cierto es, que el mercado laboral padece una división sistemática; lo que es propio del sector formal y lo que hace parte de la informalidad, sobre todo esta última, representa una proporción mayor con un índice de riesgo del 100% ante situaciones inesperadas, una alta rotación y una formación de ingresos desigual.

El mercado laboral tendría mejores resultados si la formalización del empleo fuera un compromiso constante, que no dependa de un gobierno u otro, por el contrario que haga parte de la agenda de mercado laboral hacia adelante y no se quede estancada cada 4 años, también es una condición de cultura sobre lo que es propio al Estado y a la empresa privada, es un compromiso entre el cumplimiento de la Ley y los beneficios otorgados, y sobre todo es el aseguramiento sobre los riesgos contraídos en situaciones de emergencia. Solo así podemos convenir en la construcción de una reforma laboral como muchos lo han expresado.

Como ñapa, la situación que estamos pasando va a dejar muchas puertas abiertas sobre la formalización del trabajo y las condiciones de trabajo futuro, así como de la flexibilización de los requisitos para poder trabajar, pues si queremos fortalecer el mercado laboral, hay que dejar trabajar al que así lo quiere, y eliminar tantas barreras ineficientes como la edad y los años excesivos de experiencia, hay que eliminar la presión sobre los aspirantes a un cargo, pues siempre que estén capacitados, la curva de aprendizaje no justificará mayores costos para la empresa.

Por ahora hay que seguir avanzando en el apoyo del Gobierno nacional a la difícil situación de paro, hay que dar continuidad a los programas de apoyo al cesante y hay que preparar el camino para la recuperación. 

@CIROARAMIREZ

Publicado: junio 11 de 2020