Juan Manuel Santos al inicio de las conversaciones con las Farc nos repitió incesantemente que nos tendríamos que tragar unos sapos. Todos éramos conscientes de eso, sabíamos que para llegar a un acuerdo con una de las narcoguerrillas más sanguinarias del hemisferio tendríamos que hacer algunos sacrificios. Lo que nunca nos imaginamos fue que el sapo iba a ser nuestra propia democracia.

Con el mismo ahínco con el cual nos hablaba de sapos y sacrificios, Santos nos aseguraba que lo que se acordara en La Habana iba a ser refrendado por el pueblo. Esto nos daba algo de tranquilidad porque, aunque sabíamos que cuando se diera el momento de la refrendación el desequilibrio sería enorme, la esperanza estaba ahí. Pasó lo inimaginable: ganó el NO, la mayoría respiró. Esos acuerdos no fueron refrendados, no podrían implementase – de la que nos salvamos – pensábamos. Que ilusos fuimos. A pesar de que sabíamos que Juan Manuel Santos se había mostrado como un gran traidor y mentiroso nunca nos imaginamos que se atreviera a desconocer la voluntad popular.  Esas son actuaciones propias de vulgares dictadores y jamás pensamos que eso pudiese ocurrir en Colombia, una de las democracias más estables de la región.

Con el espaldarazo de la comunidad internacional y con un premio Nobel de una paz que no se respira en el país, Santos se sintió respaldado. No para renegociar con las Farc los verdaderos puntos que rechazamos como la elegibilidad política para criminales de lesa humanidad, sino para darle la espalda al pueblo colombiano y tratarlo de ignorante y mentiroso en sus viajes al exterior. La tiranía de Santos llegó hasta el punto de reprender a Karla Arcila una periodista de RCN por atreverse a preguntarle que si el Nobel se compró por intereses noruegos. Si no hubiera sido porque había un micrófono abierto nunca nos hubiéramos enterado de viva voz como el presidente, que en ese momento decía hablar como “periodista”, maltrataba a la señora Arcila y la amedrentaba con el argumento de que el gobierno noruego estaba muy molesto con ella. Esas son las almendras de Santos.

Mientras recibía su premio Nobel, también le enviaba mensajes inequívocos a la Corte Constitucional de que tenían que abrirle paso al fast track. No me quiero imaginar la presión de esos magistrados quienes a la vez que recibían mensajes privados y públicos del gobierno,  leían los mensajes amenazantes de las Farc que aseguraban que, si no había fast track, se desataría el  Armagedón en el país. La Corte Constitucional cedió ante la presión y salió con un concepto peligrosamente ambiguo en el cual se abre a la interpretación del mejor postor si el congreso tiene o no la facultad de refrendar los acuerdos a nombre del pueblo “ignorante y mentiroso”. Ese mismo congreso que por el resultado del plebiscito demostró no representar a la mayoría será el encargado de refrendar e implementar a pupitrazo limpio el futuro de nuestro país. Desde hoy, esos congresistas pueden dejar de llamarse senadores y representantes, porque no son más que unos “honorables” notarios de un presidente investido de exhorbitantes poderes especiales.

En el nombre de la paz, se atropella. Se atropella la voluntad popular, las altas cortes, el congreso y la prensa. En el nombre de la paz, se instauró una dictadura que a lo menos durará 180 días, los mismos días que duraran los poderes especiales que ni el mismísimo Hugo Chávez se soñó tener. Juan Manuel Santos resultó siendo mucho más hábil que el bien fallecido Fidel Castro, porque logró en el nombre de la paz llevar al poder al ala militar del comunismo. Habrá quienes digan que la paz se lo merece todo, sin embargo, estos acuerdos mediante los cuales los más terribles terroristas que ha visto este país, van a acceder al poder sin antes cumplir un día de cárcel y esto solo puede generar más violencia. Jamás podrá venir paz de la injusticia y de pisotear el estado de derecho.

La pregunta en cabeza de todos es ¿ahora qué? Lo único que se me ocurre plantear es unión, ahora más que nunca necesitamos tener un frente común para enfrentar las próximas elecciones presidenciales. Necesitamos que regrese al poder alguien con un profundo respeto a las instituciones y a nuestra constitución nacional. No nos podemos dar el lujo de repetir el mismo error en el que cayó la oposición venezolana. No nos podemos dar el lujo de permitir que la dictadura de paz de Juan Manuel Santos se perpetúe en cabeza de su candidato, que sería el mismo candidato de las Farc.

@ANIABELLO_R