Había que sacar al presidente Uribe del debate político al precio que fuera. Sabían que él era el único capaz de contenerlos, de enfrentarlos, de evitar su acceso al poder.

Imbatible en las urnas, campeón de la democracia y de las libertades, el presidente Uribe empezó a ser víctima de un asedio por parte de la extrema izquierda que no le perdona su determinación por acabar con el terrorismo y el narcotráfico.

No había pasado una semana desde la captura -que tiene todos los visos de secuestro- del presidente Uribe y la extrema izquierda, a través de Iván Cepeda nos notificó por medio de 4 trinos cuál es su proyecto político.

Hablan de un régimen cuya permanencia será de décadas, del reconocimiento del fracaso de la lucha contra el narcotráfico -lo que se traduce en una legalización de los cultivos ilícitos- y de hacer que el sector privado pague una “deuda” que tiene con el país, afirmación que bien puede ser interpretada como la implementación de una política de expropiaciones similar a la que se puso en marcha en Cuba y Venezuela.

La batalla por la libertad del presidente Uribe significa, también, luchar por la salvación de nuestro modelo de Estado. De la libre empresa, de los derechos fundamentales, de la economía de mercado. En fin.

Difiero de aquellos que creen ingenuamente que el caso del presidente es un asunto meramente judicial por el que está obligado a dar una serie de explicaciones. Sea lo primero enfatizar que no hay una sola prueba ni un indicio en contra suya. La inocencia del presidente Uribe es incuestionable.

Los defensores de la libertad y de la democracia debemos convocarnos con un propósito común: lograr que cese la infamia contra el presidente Uribe quien no es un procesado, sino un secuestrado por un sector de la justicia que se trazó el propósito de sacarlo del camino y abrir el espacio que requiere la extrema izquierda para arrebatar el poder.

Estamos haciéndole frente a una crisis de gran magnitud cuya solución no se hallará en reuniones cerradas, ni con acuerdos políticos respecto de asuntos menores sino a través de la convocatoria a la movilización ciudadana.

Mantener la democracia es nuestra consigna. Y para ello, urge avanzar de manera decidida en la despolitización de la rama judicial. Mientras desde las altas cortes se continúe entorpeciendo la libertad democrática a través de montajes como el que se le hizo al presidente Álvaro Uribe, la desconfianza ciudadana hacia la justicia continuará creciendo.

La extrema izquierda está al acecho, sienten que están cerca de alcanzar su objetivo porque creen -equivocadamente- que han sacado al presidente Uribe del camino.

Él debe recuperar su libertad cuanto antes. Como lo dijo recientemente el vicepresidente de los Estados Unidos: “este héroe que recibió la Medalla Presidencial de la Libertad -máxima distinción que concede el gobierno norteamericano- se defienda en libertad”.

Cada segundo que se sume al secuestro de Uribe, será un golpe adicional a la estabilidad democrática de Colombia.

@MargaritaRepo

Publicado: agosto 17 de 2020