No es algo nuevo ni es exclusivo de Colombia. La izquierda extrema, en distintos lugares del mundo, se ha encargado de degradar el nivel del debate político, llevándolo a un sótano insospechado en el que la controversia fue vilmente reemplazada por agravios de la más baja categoría posible. 

El abanderado de esa nueva forma de “hacer política” en nuestro país, es el libretista de telenovelas elogiosas con la cultura mafiosa, Gustavo Bolívar, un sujeto ruin que sin duda ninguna habría servido de inspiración para más de un escolio del insuperable pensador, Nicolás Gómez Dávila. 

Su irrupción en la escena pública fue impulsada por Gustavo Petro, de lejos el mayor promotor de la lucha de clases en nuestras latitudes.  

Petro y Bolívar se han consolidado como los portaestandartes del discurso del odio, el cual han logrado difundir con algo de éxito gracias a las tecnologías de la información. Las redes sociales, que se han convertido en lodazales donde impera el caos y abundan los ataques ruines, las campañas impunes de desprestigio estimuladas por la confirmada “bodeguita” de la denominada Colombia Humana, son un escenario favorable para que Bolívar y sus secuaces se salgan con la suya, insultando y amedrentando a quienes no hacen parte de la izquierda radical. 

Es imposible tratar de razonar con un sujeto como Bolívar que se siente orgulloso de sus calumnias, que se burla de las decisiones judiciales que le son contrarias, que miente sin sonrojarse, que se inventa amenazas y que acude a toda suerte de expresiones signadas por la ordinariez cuando de insultar a sus rivales se trata. 

A finales del siglo XVIII, los plebeyos franceses -que en la Colombia de hoy vendrían siendo como los petristas-, propugnaban por la eliminación de la propiedad privada y por la eliminación física de aquellos que ellos consideraban sus enemigos. En un manifiesto que en nombre de la plebe publicó François Babeuf hizo planteamientos similares a los que hoy se les oye a Petro y a Bolívar: “Los hombres que quieren ser verdaderos, confesarán que después de haber obtenido la igualdad política en el derecho, el anhelo más natural y el más activo es el de la igualdad de hecho…”.

Pasados más de 220 años, Petro, Bolívar y los suyos, continúan hablando de la supuesta desigualdad y sobre ese entramado populista erigen una campaña política cargada de promesas imposibles pero muy seductoras, las cuales van acompañadas de una demoledora descarga de ultrajes contra sus opositores.

Aquel que se atreva a cuestionar a Bolívar, automáticamente queda expuesto al ataque sistemático de una horda de sujetos enceguecidos por la rabia que repiten cual autómatas una serie de frases previamente memorizadas. 

Deliran emocionados cuando su faro, su luz, su ídolo aparece en un video, regodeándose porque gracias a las redes sociales “pueden hacer más daño que la guerrilla”. Históricamente, se ha entendido que la política consistía en buscar un mejor presente y futuro, pero ellos se están encargando de dejarnos perfectamente notificados de que su propósito es el de destruir, el de desatar una conflagración social. Nerón cantaba cuando Roma ardía y eso mismo hacen Bolívar y Petro, quienes -apoyados por unos cuantos sicarios morales- utilizan a un buen número de personas fácilmente manipulables para que se encarguen de atizar la hoguera contra los “ricos”, mientras ellos celebran desde sus lujosas propiedades el resultado de la guerra social que han desatado. 

Entre más bajo sea el ataque y crudo el insulto que se lance contra el opositor, mucho mejor. Y si, además, el amedrentamiento viene acompañado con una amenaza de ataque físico, entonces la acción “intrépida” será merecedora de una exaltación pública en pleno campo de batalla, léase Twitter o Facebook. 

Esa es la política del odio, que funciona a las mil maravillas en un ambiente caldeado, donde la dialéctica y la argumentación han perdido casi todo su valor, mientras que la vulgaridad se valoriza aceleradamente. Esos periodistas que hoy buscan audiencias entrevistando a sujetos de la catadura de Gustavo Bolívar, están cavando su propia tumba. Hoy, él los utiliza para conseguir adeptos, pero no dudará un instante en arremeter en su contra cuando sea necesario. 

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 11 de 2020