El episodio del fulminante despido de Coronel de la revista Semana, es una nueva manifestación de la decadencia de los medios de comunicación tradicionales. 

No por la decisión legítima del fundador de ese medio de comunicación, sino por la reacción desesperada del propio Coronel quien, muy a su estilo, estimuló un espectáculo lamentable, poniendo a los suyos a insinuar que su expulsión constituye una censura de prensa. 

Es perfectamente natural que una empresa prescinda de los servicios de un empleado que expresa dudas frente a la transparencia y proceder de la misma. Es más: una persona con honor, manifiesta su inconformismo y acto seguido presenta su renuncia. Alguien con sentido del decoro y dignidad no puede trabajar en un sitio que le genere desconfianza. 

En Colombia claro que hubo censura de prensa, pero en el gobierno de Juan Manuel Santos, cuando desde la oficina del siniestro Juan Mesa, se llamaba a los dueños de los medios de comunicación para exigir la salida de los periodistas que le resultaran incómodos al régimen. Los ejemplos abundan: de Cablenoticias, canal de propiedad del cuestionable empresario venezolano Alberto Federico Ravell, fueron despedidos José Obdulio Gaviria -conductor de un programa con muy buenos niveles de audiencia- y Hassan Nassar, quien fue intempestivamente sacado del programa 360 grados,un espacio que se había consolidado como un referente del análisis de la actualidad política nacional. 

Vicky Dávila fue expulsada de RCN radio como consecuencia de la valiente investigación que adelantó contra la denominada “comunidad del anillo” en la policía nacional. Aquel sórdido escándalo mortificó al intemperante Juan Manuel Santos quien exigió su cabeza, cosa que efectivamente sucedió. 

Lo cierto es que los grandes medios van en caída libre. Atrás quedaron los oscuros tiempos en una reducida y excluyente masa de medios de comunicación imponían la agenda del país, a su acomodo y en defensa de los intereses de un reducido grupo social.

Como consecuencia del influjo de las redes sociales y al evidente éxito de medios digitales, el monopolio de la información quedó totalmente fracturado. Pierden los que se consideraban “dueños de la verdad” y gana la comunidad que ya no es susceptible a la manipulación que acostumbraban a ejercer los periódicos, revistas y emisoras que acaparaban el mercado de la información. 

Gracias a las redes, a los nuevos medios y a la democratización de las noticias, estamos asistiendo al ocaso de los otrora todopoderosos medios tradicionales que se encargaron, por si mismos, de liquidar su credibilidad, precisamente por la atrevida manipulación a que durante décadas sometieron a la opinión pública. 

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 29 de 2019