Durante el paso de Montealegre y Perdomo por la fiscalía general, la justicia se convirtió en una cueva de Rolando.

Con el paso de los días, continúa conociéndose la verdadera magnitud de la corrupción enquistada en la fiscalía general de la nación en particular y en la justicia en general.

Noticias escalofriantes de fiscales tranzando personalmente sobornos con las personas investigadas por ellos o de magistrados de tribunal recibiendo miles de millones de pesos para enredar procesos y favorecer a los delincuentes, minan la ya debilitada imagen que la opinión pública tiene de la justicia de nuestro país.

A lo largo de los años, las cabezas de la rama nada hicieron para enfrentar la corrupción en la justicia. Por eso, merece todo el respaldo la verticalidad con la que el fiscal Néstor Humberto Martínez está investigando a todos y cada uno de los funcionarios judiciales involucrados en hechos nauseabundos, empezando por su propio fiscal anticorrupción, el extraditable Gustavo Moreno.

Pero este asunto no puede limitarse a la captura de algunos funcionarios judiciales. Debe identificarse y castigarse a los estructuradores y articuladores de la red de corrupción en la justicia de Colombia. Por eso, debe investigarse a profundidad lo que sucedió en la fiscalía general de la nación durante los 4 años de la cuestionada administración de Eduardo Montealegre y su segundo, Jorge Fernando Perdomo Torres.

El asunto va mucho más allá de los estrambóticos contratos celebrados en dicha administración con personas francamente incompetentes, como la defraudadora Natalia Lizarazo García, conocida comercialmente con el nombre de “Natalia Springer”. El problema es mucho más grave. Debe dilucidarse cuál fue el papel de Montealegre y Perdomo en la creación de un verdadero cartel de falsos testigos con los que su administración prefabricó algunos procesos penales, como el del exdiputado del Valle, Sigifredo López.

Otro asunto que debe ser investigado y castigado es el de la Bacrim judicial en la que participaron distintos abogados que mimetizaban multimillonarios sobornos, haciéndolos pasar como “honorarios” profesionales. En ese capítulo, el exfiscal Moreno, su compinche alias “Porcino” y el exmagistrado Leonidas Bustos, tienen mucho por contarle al país.

Resulta inaceptable que en este escándalo, Bustos, que ostentó la presidencia de la Corte Suprema de Justicia, siga pasando de agache. Él es el padrino y principal promotor de Gustavo Moreno, quien era la persona que le hacía mandados, trayendo y llevando razones.

LOS IRREVERENTES han podido confirmar que el exfiscal anticorrupción ha expresado su malestar por haber sido abandonado por quienes otrora eran sus socios en el entramado de corrupción, del que él era uno de sus ejes principales.

Bien haría Moreno al contarle a Colombia detalles precisos sobre ese carrusel, delatando a todos y cada uno de los delincuentes que hacían parte del mismo.

Ahora, debe garantizarse que el testimonio de Moreno sea veraz. Por sus antecedentes criminales, que no son de ahora, es posible que mienta, diga verdades a medias y oculte información para efectos de chantajear a personas que puedan resultar perjudicadas.

El antecedente de la audiencia de imputación de cargos, donde se desmarcó de la estrategia que previamente había acordado con su abogado, Francisco Bernate, agudiza la desconfianza frente a Moreno quien en medio de su desesperada intervención soltó un dato que ha pasado desapercibido: según él, Lyons le entregó un sobre con US$3 mil dólares.

Según la acusación formal presentada por la DEA, esa agencia le entregó un sobre con US$10 mil dólares al exgobernador de Córdoba para que efectuara lo que comúnmente se conoce como una “entrega controlada”. Una de dos: o Lyons se robó US$ 7 mil dólares, o Moreno nuevamente está faltando a la verdad.

El país demandaba una depuración profunda de la justicia y Néstor Humberto Martínez acometió dicha tarea en la que debe ser respaldado por todos aquellos que anhelan una administración de justicia sin funcionarios corruptos, como los que enquistaron los doctores Montealegre y Perdomo durante su espeluznante paso por la fiscalía general de la nación.

@IrreverentesCol

Publicado: julio 25 de 2017