Después del aislamiento voluntario y luego obligatorio, para evitar el contagio por el coronavirus, temo que el mundo no volverá a ser igual.  Hacía mucho tiempo la humanidad no se reencontraba; bastó un virus, un enemigo microscópico, para enseñarnos que los abrazos, los besos y tomarnos de las manos, son actos esenciales para la vida que no todo es dinero, y que la loca carrera hacia el cataclismo debe frenarse.

La cuarentena y su causa, el coronavirus, nos están recordando que el dinero no nos sirve para comprar una familia, que es importante sentirnos cerca y poder abrazar a nuestros hijos y hermanos. El odio y los sentimientos como la envidia nacidos en la codicia por lo material, estaban llevando a la humanidad a olvidar valores importantes para vivir, como la solidaridad y la fraternidad.

Cuánto hacia que el servicio público había dejado de serlo y se había apartado del bien común. Después de esto, la sociedad tiene que reinventarse y entender que quien obtiene un poder, lo logra por voluntad de un conglomerado que lo sigue y es a él, a quien debe obedecer, no al interés individual o personal de un séquito que opera sin mirar a su alrededor, pensando solamente en ir llenando sus alforjas.

El mundo cambiará. Entre todos, juntos saldremos de esto y derrotaremos a ese enemigo microscópico que salido o escapado de un laboratorio, intencionalmente o no, o producto de alguna mutación biológica, nos está atacando y diezmando a la humanidad. La codicia y la avaricia no valen nada frente a la enfermedad mortal que nos indica que la ciencia y el trabajador de la salud, son más importantes que las fórmulas matemáticas de las bolsas de valores. Se está aprendiendo la lección.

En cuarentena volvimos a mirarnos a los ojos, volvimos a reflexionar sobre la higiene personal y la de los demás, de la importancia del agua y la preservación del medio ambiente. De la solidaridad y del valor de la  vida. La cuarentena nos recordó lo que vale la libertad, y a pesar que el aislamiento es voluntario, este sacudón nos despertó a una realidad; la humanidad estaba muriendo en vida.

Ya no será la tercera guerra mundial la que nos cambie, ni será el cataclismo, ni el mal que extinguió a los dinosaurios. La humanidad tiene inteligencia y por eso capacidad de entendimiento. Después de la cuarentena volveremos a escuchar a nuestros viejos y a respetar algunas tradiciones. Hace mucho no escuchamos las estrofas del profesor Yarumo, cuyas letras, pienso, nos pueden recrear la situación: “Allá arriba en aquel alto / donde nace la quebrada / había un monte muy bonito / y el agua nunca faltaba.  Pero un hombre irresponsable / tumbo el monte y lo quemó / ya no hay pájaros ni leña / la cañada se secó.  La gente al verse sin agua / matas de monte sembró / volvieron los pajaritos / y el agua también volvió.”  

Ojalá podamos avanzar en la construcción de un nuevo modelo de ciudadano. Un ciudadano del mundo, que entienda e interprete la realidad global sin las fronteras que  nos imponen en principio los idiomas, pero particularmente las políticas de gobierno y la economía. Ojalá podamos encontrar un modelo que conduzca a la humanidad por un sendero de igualdad y fraternidad bajo practicas y costumbres buenas para la sociedad. 

@AlirioMoreno

Publicado: marzo 25 de 2020