Seguramente, esta es la peor crisis que ha padecido la sociedad colombiana en los tiempos recientes. No es un conflicto entre nosotros, sino una lucha de todos contra un enemigo microscópico, pero poderoso.

Como todas las pandemias, ésta no hace distinciones de ningún tipo. Toda la especia humana está en riesgo, especialmente los adultos mayores. Eso no significa que los demás estén exentos de sufrir los estragos de la enfermedad que hasta ha cobrado la vida de más de 12 mil personas, la mayoría de ellas, en Italia. 

Las cifras producen escalofrío. El 15 de febrero, el gobierno italiano hizo públicos los tres primeros casos de coronavirus en su país. Un mes y medio después -el 21 de marzo-, la enfermedad afectaba más de 47 mil personas.

El mundo no estaba preparado para atender esta crisis que se expandió por todo el planeta. Colombia, por supuesto, no fue la excepción. El viernes 6 de marzo, en una rueda de prensa, el presidente Duque reveló el primer caso en nuestro país -una mujer que había llegado desde Milán-, a la vez que anunció las medidas preventivas para hacerle frente a la pandemia.

Desde entonces, los colombianos hemos registrado una catarata de hechos que, como es natural, han despertado incertidumbre y angustia. Es en los momentos críticos, cuando más se necesita de un gobierno sereno, ponderado y, por qué no, calculador en el mejor sentido de la expresión. 

Sin restarle importancia a la situación, Duque incorporó las medidas que son proporcionales a la crisis. Dada la magnitud del problema, declaró un “estado de emergencia” en virtud del cual el Ejecutivo se dota de las facultades legales para hacerle frente a los hechos que se presenten. 

La noche del viernes pasado, luego de hacer una evaluación profunda con distintos expertos epidemiólogos, el mandatario colombiano llegó a la conclusión de que es necesario cerrar al país durante 19 días, a partir del próximo martes a las 11.59 de la noche. 

Todos los ciudadanos deben entrar en rigurosa cuarentena. A través del aislamiento, se buscará la ralentización del coronavirus para efectos de lograr que los servicios de salud tengan una mayor capacidad de atención de pacientes. 

No es sano generar falsas expectativas: la cuarentena es necesaria, pero no es la solución ni la “vacuna” contra el virus. Seguirá aumentando el número de personas contagiadas, pero a un ritmo menor que el que se ha registrado. El viernes pasado, se confirmaron 30 casos adicionales, lo que significa que hubo 1.25 nuevos pacientes por hora. Ese promedio debe ser revertido y la manera más eficaz para lograrlo es a través de la cuarentena.

Ahora bien: la cuarentena traerá grandes apuros, particularmente de índole económica. Muchas empresas no cuentan con el músculo financiero para soportar el cierre y la etapa posterior al mismo, cuando habrá que reiniciar y poner de nuevo en marcha todo el aparato productivo nacional. 

Ahí es cuando los colombianos deben obrar con criterio de nación. Unidos con un mismo propósito: evitar que nuestro país caiga en una profunda recesión económica. 

Seguramente vendrán importantes ajustes macroeconómicos, una vez se empiece a superar la crisis, pensado sobre todo y ante todo en los ciudadanos -de todas las condiciones-, que son los que se verán gravemente afectados. 

Esta no es la primera vez que Colombia tiene que afrontar una dificultad. Nuestra historia republicana, está escrita en términos de problemáticas, conflictos y crisis. Esta, del coronavirus, posiblemente es la más compleja, pero no por eso vamos a rendirnos ni doblegarnos. Con inteligencia, sentido de pertenencia, solidaridad e invocando la protección de Dios, saldremos adelante. 

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 21 de 2020