Una verdadera cruzada está llevando a cabo el Canciller, Carlos Holmes, y el embajador ante la OEA, Alejandro Ordoñez, para consolidar el apoyo mayoritario de la región en contra de la dictadura de Nicolás Maduro.

Tal como sucedió en el 2008 cuando Camilo Ospina, entonces embajador ante la OEA, expuso ante el continente la complicidad del gobierno chavista con las Farc, esta semana, 11 años después, el Canciller le demostró al continente una vez más la intrínseca cercanía entre el terrorismo y el vecino País.

Campamentos en la frontera, centros de operación y un vínculo incuestionable con el Palacio de Miraflores son unos de los muchos factores que evidenciaron a esa organización criminal como el brazo mercenario de la dictadura.

Sin embargo, más allá de denunciar esta conocida situación hay que pasar a la acción diplomática no solamente para reafirmar el cerco diplomático, sino también para movilizar al continente ante una eventual agresión de una dictadura que con tal de distraer la atención de su crisis y recibir oxigeno es capaz de cometer una locura.

Por ello, las gestiones para activar el TIAR son un sabio ejercicio de diplomacia por parte del Gobierno Colombiano. Este tratado, básicamente, establece que una agresión contra un País del hemisferio es un ataque a todos los demás y exige una respuesta uniforme de todos los Estados miembros.

No obstante, a pesar de ser un buen instrumento su aplicación no ha sido la esperada. De hecho, en la práctica ha sido más un acto simbólico que un verdadero mecanismo de acción que haya generado el marco para desplegar acciones militares o sanciones económicas. La guerra de las Malvinas o la guerra en Afganistán después del 9/11 son prueba de ello.

A pesar de ello, la coyuntura actual donde los flujos migratorios están generando presiones fiscales en la mayoría de los Países de la región, la crisis humanitaria dentro de Venezuela y la amenaza para la región de tener una Nación cooptada por una dictadura son factores que pueden cambiar la historia y permitir la utilización de un instrumento con un gran potencial para controlar la barbaridad de Maduro.

Lo último que se puede permitir Colombia es bajar la guardia. Las acciones diplomáticas en contra de la dictadura deben continuar y el liderazgo del Canciller y su embajador en la OEA son fundamentales para lograr, ojalá dentro de muy poco, restablecer la democracia y la libertad en Venezuela.

@Tatacabello

Publicado: septiembre 13 de 2019