Santos: los opositores “me han acusado de traidor, de tramposo, de mentiroso, de comunista, de dictador… Me han dicho fariano…”.

No deja de sorprendernos el presidente Santos. Recientemente, en Manizales, el gobernante se “confesó” ante los colombianos. Algo así como el que, pasado de copas, se sincera con sus amigos.
En una sentida intervención, el mandatario aseguró que desde que asumió el poder, en agosto de 2010, los opositores “me han acusado de traidor, de tramposo, de mentiroso, de comunista, de dictador… Me han dicho fariano…”.

Según dijo, “me acusaron de haber financiado mis campañas con plata del narcotráfico, con coimas de Odebrecht, con plata de ‘los Comba’…”.
Aseveró que “me han señalado de ser ficha de los Castro, de ser ficha de Chávez… Que pacté con las Farc el aumento de los cultivos ilícitos, que he querido acabar con el Ejército, con la Policía…, con la libertad de expresión…”.

Y concluyó con que lo han sindicado de que “me compré el Premio Nobel, que regalé a San Andrés, que acabé con la seguridad, que hice añicos la confianza inversionista…”.
¡Enhorabuena, presidente! Así los haya calificado de barrabasadas, un recuento tan completo de los hechos que han acompañado los siete años de su mandato nadie lo hubiera hecho mejor de lo que usted lo hizo en Manizales. Veamos:

“Me han acusado de traidor”: para hablar de las traiciones de Santos es necesario un libro del tamaño de una enciclopedia. Pero citemos solo dos casos: traicionó a quien lo hizo presidente –Uribe– y traicionó a uno de los acompañantes del proceso de paz entre su gobierno y la guerrilla –el dictador venezolano Maduro–. A ambos los usó y, cuando vio que ya no le servían, les pagó con la traición.
“Me han acusado de… tramposo”: hace un año el pueblo colombiano les dijo NO en las urnas a los acuerdos de paz pactados entre Santos y la guerrilla. Así y todo, nos impusieron ilegalmente su proceso de paz. Si eso no es trampa, ¿cómo se llama entonces?

“Me han acusado de… mentiroso”: Santos ha edificado su vida política sobre mentiras. Antes de volverse presidente no había sido siquiera edil de Usaquén. Es decir, no tenía un voto, aunque posaba de estadista. Cuando empezó el proceso de paz dijo que no habría impunidad para las guerrillas. Mintió. Nos juró que durante su gobierno no subiría los impuestos y que eso lo podía firmar en piedra. Mintió. Y etcéteras mil.

“Me han acusado de comunista, de dictador”: ¿cómo se le dice a alguien que quiere implantar en Colombia un régimen parecido al de Cuba o Venezuela? Además, ¿cómo se le llama al que desconoce la voluntad del pueblo en las urnas? Y, ¿cómo se llama a un presidente que tiene una Corte Constitucional de bolsillo para que le apruebe todos los disparates del proceso de paz?

“Me han dicho fariano”: ¿cómo se califica a alguien que, en 1999, en una entrevista con el fallecido periodista Mike Schmulson, no ahorró elogios para el fundador de las Farc, “Tirofijo”? Es más, pidió que le pagaran las gallinas y los marranos que le mataron durante un bombardeo.

“Me acusaron de haber financiado mis campañas con plata del narcotráfico”: en mayo de 2014 la prensa informó que los narcotraficantes apodados “los Comba” metieron 12 millones de dólares a la campaña de Santos de 2010. Pero la Fiscalía de Eduardo Montealegre desoyó esas denuncias y las archivó. Como es sabido en Colombia, una absolución de Montealegre equivale a todo lo contrario.
“Me acusaron de haber financiado mis campañas con… coimas de Odebrecht”: está probado que a las dos campañas de Santos a la Presidencia les fue inyectado dinero de la corrupta multinacional brasilera Odebrecht. Está probado que el gerente de esas dos campañas, Roberto Prieto, era un mandadero de Odebrecht.

Está probado que dos ex ministras de Santos incrementaron su patrimonio gracias a las maromas de Odebrecht.

“Me han señalado de ser ficha de los Castro, de ser ficha de Chávez y, por supuesto, de ser ficha de los dos…”: en Cuba, la de los Castro, Santos empeñó su ínfimo capital político con el tema de la paz con las Farc. Adicionalmente, no puede negar que le encantan las ideas de Fidel Castro y en menor grado las de su hermano Raúl. ¿No terminó Santos arrodillado a Hugo Chávez? ¿No dijo que era su nuevo mejor amigo? ¿No lo puso como artífice del proceso de negociación con las Farc?
“Me han señalado de… que pacté con las Farc el aumento de los cultivos ilícitos”: eso lo dice Santos, no nosotros. Lo que está probado es que a petición de la guerrilla su régimen suspendió las fumigaciones aéreas con glifosato y en un santiamén el país terminó convertido en un mar de coca.

“Me han señalado de… que he querido acabar con el Ejército, con la Policía…, con la libertad de expresión…”: si poner al mismo nivel a nuestras Fuerzas Armadas con la guerrilla no es querer acabarlas, ¿entonces cómo se denomina eso? Adicionalmente, la libertad de expresión está muy menguada en el país. Casi que, sin excepción, los grandes medios de comunicación se hincan ante el jefe de Estado, so pena de alborotar su ira. Aquí, desde hace siete años, las palabras crítica y oposición prácticamente desaparecieron de la prensa. Y eso que Santos dizque es periodista.

Me han señalado de que “me compré el Premio Nobel”: tanto aquí como en Europa se ha dicho que algunos noruegos que participaron en la escogencia de Santos como Nobel de Paz tuvieron o tienen intereses en negocios petroleros en el mar Caribe colombiano.

Me han señalado de que “entregué a San Andrés”: ciertamente la decisión de la Corte Internacional de Justicia en favor de Nicaragua fue proferida durante el gobierno de Santos. Hay que advertir, sin embargo, que administraciones anteriores a la suya poco hicieron por defender nuestro mar. Ahora bien: la defensa de Colombia ante la CIJ por parte de la actual Cancillería ha sido vergonzosa. Y ojo que Daniel Ortega está interesado en correr el cerco hasta Cartagena.

Me han señalado de que “acabé con la seguridad, que hice añicos la confianza inversionista y la cohesión social”: lo de la seguridad todo el mundo lo siente. A este país se lo tomaron los hampones. Las Farc supuestamente se desmovilizaron, pero el Eln está crecido con sus nuevas incorporaciones: integrantes de las Farc que se resisten a dejar las armas. Y lo de la confianza inversionista es algo evidente: nadie quiere apostar un peso en un país que va camino a convertirse en una nueva Venezuela.

@CancinoAbog

Publicado: octubre 13 de 2017