Atenta nota deberá tomar el gobierno de los Estados Unidos respecto de la confesión que acaba de hacer desde Europa el presidente Juan Manual Santos, en el sentido de que él asume la responsabilidad por el crecimiento exponencial de los cultivos ilícitos en nuestro país.

En palabras de Santos, “los cultivos aumentaron en los últimos 2 o 3 años y yo asumo esa responsabilidad; tal vez fue mi culpa, precisamente por imponerle a las Farc en la agenda el tema del narcotráfico y eso tuvo un incentivo perverso porque muchos campesinos dijeron: ‘ah, acá va a haber una sustitución voluntaria, entonces va a haber unos beneficios para quienes estén cultivando cosa, entonces vamos a cultivar coca’…”.

Difícilmente alguien puede creer el razonamiento ridículo del presidente de Colombia. Hacer un cultivo de coca es un proceso que toma mucho tiempo. No puede creerse que los campesinos colombianos son unos delincuentes que resolvieron dejar de lado sus cultivos lícitos para llenar de coca sus parcelas.

No. Las plantaciones de coca crecieron porque las Farc recibieron una suerte de “salvoconducto” del gobierno de Juan Manual Santos para hacerlo. Se suspendió la fumigación aérea y se eliminó de tajo la lucha contra el narcotráfico. Tan amplias eran las gabelas que después de la firma del acuerdo, los cabecillas de las Farc continuaron traficando cocaína .

Que nadie se sorprenda cuando en unas semanas la JEP –tribunal diseñado para proteger jurídicamente a los genocidas y narcotraficantes de las Farc- salga con un esguince jurídico para concluir que el mafioso alias Jesús Sántrich no podrá ser extraditado a los Estados Unidos.

Uno de los postulados centrales del gobierno de Donald Trump es, precisamente, el de fortalecer la lucha contra las drogas. Colombia, al ser el principal proveedor de cocaína del mundo, tiene que observar una política coherente y contundente en el combate de ese flagelo y por eso resulta inadmisible que el propio presidente de nuestro país, con total desfachatez reconozca que nuestro país se convirtió en un mar de coca por su culpa. Santos debe asumir las consecuencias de su equivocación.

Sería nefasto y profundamente injusto que los Estados Unidos resuelvan sancionar a todo un país, cuando el responsable único de la debacle –Juan Manuel Santos- está a pocos meses de salir del poder. Le corresponderá al próximo gobierno enfrentar la tragedia heredada por Santos, para evitar que el nuestro vuelva a ser un “narcoestado”.

Así que las sanciones deberían recaer en la persona de Juan Manuel Santos y no en Colombia. Al fin y al cabo, la inmensa mayoría ciudadana en su momento se pronunció en contra de la manera como se había negociado el asunto de los cultivos ilícitos en La Habana, a través de la votación del NO en el plebiscito del 2 de octubre de 2016.

Que Santos no pretenda lavarse las manos, ni mucho menos sea tan canalla de culpar a los campesinos colombianos por el crecimiento de los narcocultivos. Esta pesadilla tiene dos grandes responsables: el presidente de la República y las Farc.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 15 de 2018