Más allá de la discusión desde la concepción del modelo de desarrollo que se apoye, la construcción de la conectante que se ejecuta en el Cerro La Judía en Floridablanca y que tiene permiso de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla), nos invita a reflexionar sobre el verdadero impacto que esta obra tendrá sobre los pulmones que abrazan a las personas que por suerte o destino habitamos en Floridablanca. 

La licencia ambiental otorgada a la firma constructora de la obra, le autoriza talar 8.734 árboles e intervenir 27 hectáreas de bosque. A cambio tendrá que plantar cerca de 128 mil árboles en toda el área de intervención del corredor vial. Una política que se impuso desde cuando se aceptó la premisa que “quien contamina, paga”, que no resulta justa con el esfuerzo que hace la naturaleza y el tiempo que esta espera, para brindarnos un árbol que contribuye al equilibrio de nuestro ecosistema. 

De niño iba al mercado de mi pueblo y en el centro de la plaza se apreciaba una gran ceiba de la que mi padre me contaba que había sido sembrada hacía muchos años, en la fundación del corregimiento. Han transcurrido muchos días, medio siglo posiblemente, y la ceiba que ya tenía a lo menos 70 años se mantiene, como símbolo del hoy municipio cuyo desarrollo impulsó inicialmente Don Aquileo Parra. La ceiba se mantuvo en pie cuando el lugar dejó de ser plaza de mercado y se convirtió en parque. Hoy se sostiene erguida y posiblemente por muchos años y siendo sólo ese árbol, no creo que exista ser humano que se atreva a arrancarle una rama o dañar su corteza.

Pero en el Cerro de la Judía desde hace unos días se escucha el ruido ensordecedor de las motosierras derribando la montaña. Tal vez como protesta, la naturaleza muda e impotente, nos ha soltado dos avalanchas de agua, piedra, lodo y residuos forestales, que bastantes daños han causado a los pobladores de Floridablanca y Piedecuesta. 

Soy de los que piensan que cuando la presión del progreso y el desarrollo, sobre la premisa hablada, cede, se deben adelantar primero las obras y labores de compensación para luego sí dar paso al impacto sobre la naturaleza y así evitar el efecto por el desequilibrio generado. Si se hace necesario reparar y se tienen unos términos de referencia del impacto ambiental y un estudio de compensación, resultaría oportuno comenzar por compensar antes de dañar y así posiblemente se arranque en paz con la sociedad y la misma naturaleza. Respetemos la naturaleza y si por el desarrollo debemos impactarla, que se haga necesario antes, compensarla.

@AlirioMoreno

Publicado: marzo 3 de 2020