A Bogotá tenemos que pensarla como una ciudad del futuro: incluyente, participativa, moderna, sostenible, competitiva y segura. Todas estas cualidades se traducen en acciones de política pública que un Gobierno Distrital de la mano del Concejo debe garantizar en un momento en el que la capital del país  tiene deudas históricas con la ciudadanía en términos de infraestructura, lucha contra la corrupción y planeación territorial.

Recordemos que Bogotá es una ciudad con más de 8 millones de habitantes con un PIB per cápita de 9.404 dólares y un Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 0,794 (alto). En los últimos tres años, la ciudad se ha propuesto gestionar 80 hectáreas, en cifras de la Alcaldía, para el desarrollo de Vivienda de Interés Social (VIS) y Vivienda de Interés Prioritario (VIP), con capacidad para 40.000 unidades. A diciembre pasado iban 36,98 hectáreas en una ciudad de mayoría arrendatarios (en promedio, solo el 45 por ciento es propietario).

Y por esa razón, Bogotá debe ser en primer lugar una ciudad incluyente, sin odio de clases y cuya institucionalidad acoja a toda la ciudadanía. El Distrito debe ser eficiente en su capacidad de ofrecer la oferta de bienes y servicios a la población más vulnerable de la ciudad: sostenibilidad de los comedores comunitarios, mayor cobertura educativa pública, fortalecimiento de la infraestructura educativa en las zonas deprimidas, campañas de prevención en salud pública para nuestros jóvenes y mejores convocatorias que potencialicen el talento de los emprendedores articuladas con los Centros Sacúdete del Gobierno Nacional.

Las decisiones llevadas a cabo deben contemplarse en sintonía con los ciudadanos y no como medidas aisladas o caprichosas que no interpretan las verdades necesidades de la gente. De allí la importancia de hacer de Bogotá una ciudad participativa donde el Concejo de Bogotá le haga una permanente rendición de cuentas a la ciudadanía y donde ellos a su vez contribuyan con ideas y propuestas de acuerdos en beneficio de la ciudad. En ese panorama, el Plan de Desarrollo Distrital de los próximos cuatro años debe aprovechar el mismo método del nivel nacional que recibió a través de una plataforma digital miles de ideas que fueron tenidas en cuenta.

Todo lo anterior nos permite pensar a Bogotá como una ciudad moderna donde haya menos trámites en los Supercades, con eternas filas, y más soluciones a través de Internet. Donde los jóvenes puedan conectarse a wifi en cualquier parque de la ciudad para acceder a bibliotecas virtuales o promover sus negocios y en la que el Distrito impulse grandes laboratorios de emprendimiento de la mano de las universidades. En la era de la economía digital, Bogotá debe ser ejemplo de conectividad, desarrollo de plataformas móviles, acceso a Internet y aprovechamiento de herramientas tecnológicas en sectores básicos como la salud y la educación.

Y cláramente también debemos pensar a Bogotá como una ciudad con un clima de negocios favorable, eficiente en sus trámites y procesos,  con estabilidad jurídica y ventanillas únicas. Crecer en competitividad en el ránking del Doing Business del Banco Mundial es fundamental por todo lo que ello implica. Todo lo anterior para promover la inversión y el asentamiento de compañías que desde nuestra ciudad quieran liderar sus operaciones para América Latina. Ahí es donde los múltiples medios de transporte cobran relevancia: el metro (que no da más espera), el tren de cercanías hacia las ciudades de La Sabana y las alternativas tradicionales.

Bogotá también debe avanzar desde un enfoque sostenible. Por esa razón, el otorgamiento de licencias debe atender a un proceso de planeación serio y responsable con control y seguimiento de todos los actores para evitar construcciones sobre los cerros orientales o en otras áreas donde el impacto ambiental afecta considerablemente a la ciudad. Promover la menor contaminación de la ciudad vía regulación debe ser una prioridad y el estímulo al uso de carros eléctricos. Lo mismo sucede con las fábricas que arrojan desechos y expulsan dióxido de carbono sin consideración alguna por los ciudadanos.

Y un aspecto que resulta determinante como es la seguridad permite delimitar esta visión de ciudad del futuro. Y allí una suma de esfuerzos entre academia, tecnología, apoyo del sector privado y un fortalecimiento institucional desde el Distrito permitirá hacer de Bogotá una ciudad segura. Contrarrestar el microtráfico, el hurto y las riñas a través de un pie de fuerza ampliado, monitoreo permanente y acciones de prevención nos permitirán avanzar de manera importante.

Por eso, la agenda es clara para los próximos cuatro años. No se puede improvisar en acciones de política pública ni en trabajo mancomunado. Desde el Concejo de Bogotá de manera prioritaria se debe transitar en estos aspectos para que Bogotá sea la ciudad del futuro con la que todos soñamos.

@SimonOsorioJ

Publicado: mayo 9 de 2019