¿A quién se le ocurre impulsar unas cartillas, vengan de donde vengan, con imágenes obscenas y de mal gusto, que en nada aportan a la educación de los niños y jóvenes de Colombia? ¿Por qué quieren imponer dictatorialmente una ideología que ya perdió la batalla en el debate académico que se dio tanto en Europa como en Estados Unidos? ¿Ya se olvidaron de las marchas de millones de padres de familia en el mundo entero, rechazando que los colegios y las escuelas se inmiscuyan en la educación sexual de sus hijos?

Si continúan insistiendo en el tema de la ideología de género en nuestro país, los funcionarios que están detrás de esta campaña, se van a dar contra la pared: los plantones en su contra se van a multiplicar; incluso, les pueden invitar a hacerse a un lado y renunciar. Abran los ojos, por favor: ¿se han preguntado por los niveles de comprensión de lectura, redacción, ciencias y matemáticas de nuestros estudiantes?

Dejen de dar batallas personales y más bien ofrezcan soluciones concretas a problemas reales que afectan el desarrollo educativo de quienes hoy llenan las aulas de clase. Al tablero: ¿dónde hay una propuesta seria que implemente la educación obligatoria de una segunda lengua, un instrumento musical o un deporte en los colegios? ¿Por qué hay tan poco apoyo para estas áreas en la formación de los colombianos? ¿Qué pasó con los clubes de ciencia y matemáticas en los colegios públicos? Seguramente, las prioridades son otras.

Vamos al grano: que alguien represente a una minoría, que en democracia tiene voz, no significa que tenga derecho de imponerse pasando por encima de familias, infantes y adolescentes, violentando las convicciones de las mayorías, especialmente ahora que la “paz” está tan cerca… (¿O es que también es a la brava como se llega a ese destino?)

Ya va siendo hora que lleguen al Ministerio de Educación Nacional filósofos y educadores, con Doctorado; hombres y mujeres que se hayan quemado las pestañas estudiando a los grandes pensadores, pedagogos y líderes de la Humanidad. Ojalá personas que además de contar con una sólida formación humanística, tengan idea de lo que significa educar más allá de las cifras y los cálculos políticos, siempre errados en Colombia.

Seamos precisos: comprender el rol de la formación vocacional, técnica y profesional, desde la niñez hasta la tercera edad, en un mundo donde el conocimiento requiere de principios y valores que, unidos a la investigación y la innovación al servicio de la gente, generan desarrollo social y crecimiento económico, es asunto indispensable en el pensamiento de un líder del sector educativo. ¿Será mucho pedir? ¿Debemos esperar una o dos generaciones más para entender este principio tan elemental, cuando países como Argentina, México, Brasil, Uruguay y Perú ya lo han hecho?

En fin: ya va siendo hora que el Ministerio de Educación de Colombia sea visto como la joya de la corona y no como la cenicienta que, contraria a la del cuento, siempre se queda esperando a su príncipe azul. Tenemos que escribir un final feliz para esta historia.

Porque más allá del triste escándalo de las cartillas y de los intereses que impulsan el sometimiento de la sociedad colombiana a la ideología de género, conviene pensar en los contenidos que requerimos como Nación para ofrecer una educación de calidad a quienes hoy empiezan a vivir.

Programas como “Ser pilo paga” no son suficientes. Urgen planes de estudio que fomenten el espíritu crítico, estimulen la creatividad y brinden formación ética y cívica. Algo tenemos que hacer para erradicar de nuestra sociedad el lastre mediocre que nos ha legado la cultura novelera, mamerta y traqueta que se ha venido imponiendo desde las épocas del elefante y el proceso 8000.

Con todo respeto: ¿Nuestros niños y jóvenes no tienen derecho a recibir una formación seria, que vaya mucho más allá de los caprichos de determinados “líderes”  políticos y esporádicos “voceros” de opinión? ¿Podemos darnos el lujo de botar a la caneca de la basura el talento y las oportunidades de millones de personas que empiezan a formarse, o quieren continuar su proceso educativo, por andar pensando en asuntos que en nada contribuyen a la evolución social? ¿A qué estamos jugando?

“La educación no es preparación para la vida; la educación es la vida en si misma” – John Dewey.

@tamayocollins