Uno de los elementos más nocivos y peligrosos del acuerdo entre Santos y Timochenko es el haber permitido que las Farc, a través de la unidad nacional de protección, pudieran tener un brazo armado legal que única y exclusivamente le rinde cuentas a los cabecillas de esa estructura delincuencial.

En su momento, dicho cuerpo de escoltas fue comparado con la milicia al servicio del partido político-terrorista libanés denominado Hezbollah.

Las fuerzas de seguridad del Estado tienen que responder a la línea de mando institucional, empezando por el jefe de Estado y el ministro de la Defensa y en ese sentido, las Farc deben gozar de esquemas de escoltas regulares y similares a los de los demás ciudadanos.

Pero Santos prefirió crear un pequeño ejército integrado por antiguos terroristas de la guerrilla, con salarios superiores a los que perciben los escoltas adscritos a la unidad nacional de protección, UNP.

Los efectos de aquella decisión empiezan a verse. Ha trascendido que uno de los miembros de las Farc adscrito a la UNP, un sujeto llamado Fabio Borges fue quien llamó a alias Sántrich para avisarle que iba a ser capturado, motivo por el que no se descarta que ese delincuente también termine extraditado a los Estados Unidos y procesado por obstrucción a la justicia, pues con su alerta puso en riesgo la operación encubierta que se adelantaba en contra del jefe de las Farc quien estaba en plena negociación de la cocaína con los agentes infiltrados que estaban haciéndose pasar por miembros del denominado cartel de Sinaloa.

En 1991, cuando César Gaviria se rindió ante los pies del jefe narcotraficante Pablo Escobar, permitió que el capo construyera su propia cárcel y designara a sus guardianes. A la postre, esa gabela fue la que facilitó su fuga, cuando el Estado intentó tomar el control sobre ese remedo de centro carcelario.

Algo parecido ha hecho Juan Manuel Santos con los capos de las Farc. Los dejó en libertad a pesar de los múltiples crímenes que esos delincuentes cometieron contra la sociedad colombiana y les encimó la posibilidad de estar rodeados por una estructura fuertemente armada y con acceso a la Fuerza Pública. Así, los “escoltas” de las Farc saben con anterioridad cualquier novedad que afecte a sus jefes, tal y como sucedió con Sántrich.

Es evidente que Borges llamó a su “comandante” con el fin de que éste se escapara. Tal y como se oye en la grabación de esa llamada, en la que el informante le notifica que “hay una vaina toda rara allí de un operativo de una detención para ti”. El jefe guerrillero es tomado por absoluta sorpresa, lo que significa que alias Sántrich hasta el momento en que fue alertado por el funcionario de la UNP, no tenía ni la menor idea de que las autoridades colombianas y estadounidenses estaban tras de él.

El jefe terrorista habría podido fugarse con el aviso que le dio su “camarada” Borges, quien tiene acceso a información privilegiada, así como en 1993 Pablo Escobar se escapó gracias a que los guardianes de La Catedral, que estaban en su nómina, le despejaron el camino para que se evadiera y desatara la peor de las ofensivas terroristas registradas en nuestra historia reciente.

Cesar Gaviria le dio a Escobar La Catedral y Juan Manuel Santos les mejoró la apuesta a las Farc permitiéndoles tener a su servicio un gigantesco brazo armado con acceso a información sensible que es de manejo exclusivo de la Fuerza Pública.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 19 de 2018