Desde LOS IRREVERENTES se han denunciado los abusos, mentiras y delitos que ha cometido el polémico senador antioqueño, el liberal Julián Bedoya Pulgarín, a quien en las últimas horas la universidad de Medellín le retiró su diploma como abogado, luego de que se confirmara lo denunciado por este portal: las irregularidades en el proceso de culminación de materias y la presentación de los exámenes preparatorios, necesarios para acceder al título de profesional del derecho.

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Era evidente que Bedoya, con la ayuda de directivos de la universidad de Medellín, centro académico que se ha convertido en un directorio político, pudo graduarse a través de trampas. La fiscalía, en su momento, les imputó cargos a 7 empleados del claustro académico -empezando por su rector-, a quienes se les señala de haber cometido el delito de falsedad en documento.

En su momento, la procuraduría general anunció que le imputaría cargos disciplinarios a Bedoya, precisamente, por las irregularidades en su hoja de vida, donde el congresista, muy orondo, asegura ser abogado, cuando claramente obtuvo su título a través de maniobras y tráfico ilegal de influencias.

El estudio y la honestidad no son características del senador que se forjó políticamente de la mano del delincuente Cesar Pérez, condenado a más de 30 años de prisión por su participación en una masacre.

De joven, Bedoya quiso ser oficial de policía. Se inscribió en la escuela de cadetes General Santander. Cuando estaba a punto de acceder al grado de subteniente, el hoy senador de la República fue expulsado de la institución. ¿El motivo? Sus superiores lo descubrieron robando una pistola que el intrépido estudiante pretendía vender en el mercado negro. Todo un hampón.

Ha trascendido que la universidad de Medellín, ante la fuerza de las evidencias, tomó la decisión de retirarle el diploma de abogado a Bedoya Pulgarín, reconociendo algo que saltaba a la vista de todos: que es imposible que una persona hubiera podido presentar 16 exámenes preparatorios en 4 días, 7 de ellos en menos de 6 horas.

Y claramente, Bedoya está en las antípodas de ser una persona inteligente. Su promedio académico era de 2.7. A pesar de ser un mediocre y un mal estudiante, las directivas de la universidad -que tenían en él a un senador de bolsillo- le hicieron el mandado.

Ahora, que se ha descubierto la tramoya, todos los intervinientes en la misma están con un pie en la cárcel, incluido el cuestionado congresista que es un perfecto campeón de las intrigas y los movimientos turbios. El impostor, al parecer, ha caído.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 15 de 2021