Si hay un congresista que merece todos los cuestionamientos posibles, ese es el senador liberal antioqueño, Julián Bedoya Pulgarín, ampliamente denunciado por sus alcances y su comportamiento moral y legalmente reprochables.

Este portal, ha denunciado repetidamente que Bedoya es la personificación de todos los vicios que aquejan a nuestra sociedad. Empezó su carrera en el servicio público, como cadete de la escuela de oficiales de la Policía Nacional, dependencia de la que fue expulsado cuando faltaban pocas semanas para su graduación como subteniente. 

El motivo: Bedoya, cual rufián de esquina, se robó una pistola. Sus superiores lo descubrieron cuando se disponía a venderla en el mercado negro, razón por la que fue fulminantemente retirado del alma mater de la Policía. 

Entró a la política de la mano del condenado excongresista, César Pérez quien además de ganar elecciones, le enseñó a burlarse de la ley. 

En sus hojas de vida, Bedoya acostumbraba presentarse como abogado de la Universidad de Medellín, centro académico que con el paso del tiempo se ha convertido en un fortín de la politiquería más baja. 

Hoy, por hoy, el jefe político de aquel plantel de educación superior, es Bedoya Pulgarín quien desbancó a su viejo amigo -hoy enemigo-, el también senador liberal antioqueño, Iván Agudelo.

Pero las evidencias demostraban que Bedoya escasamente había cursado algunos semestres de derecho y que estaba muy lejos de terminar las materias y cumplir con los requisitos para obtener su título profesional. 

A mediados de este año, trascendió la noticia de que el parlamentario, en un abrir y cerrar de ojos, se había convertido en profesional. 

Como si se tratara de una persona con dotes intelectuales superiores, en tan solo 4 meses, Bedoya Pulgarín atendió y aprobó 10 materias, acreditó dominio de una segunda lengua, realizó la judicatura, presentó satisfactoriamente todos los exámenes preparatorios y el examen de calidad de educación superior, ECAES.

La irregularidad era evidente, razón por la que la fiscalía general de la nación abocó la respectiva indagación, para determinar si los directivos de la universidad habían transgredido las leyes de la República. 

Luego de 7 meses de una exhausta investigación liderada por un valiente fiscal de la ciudad de Medellín, se llegó a la conclusión de que efectivamente, en el proceso de grado del senador Julián Bedoya Pulgarín se cometió el delito de falsedad en documento público, razón por la que el próximo 12 de diciembre, 8 directivos y empleados de la universidad de Medellín, entre los que se encuentra el rector Néstor de Jesús Hincapié, deberán atender una diligencia de imputación de cargos. 

Así mismo, la fiscalía general compulsó las respectivas copias para que la sala de instrucción de la corte suprema de justicia -juez natural del parlamentario-, inicie la respectiva investigación en su contra.

Bedoya, ese mismo que ha caminado buena parte de su vida dentro de los linderos del código penal, difícilmente podrá salir invicto de este nuevo escándalo, pues las pruebas en este caso resultan demoledoras. 

La justicia deberá obrar sin más dilaciones para efectos de impartir las sanciones a que haya lugar. No es aceptable que uno de los escaños de nuestro senado de la República, esté siendo ocupado por un sujeto de la inmunda catadura de Bedoya Pulgarín.

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 4 de 2019