El senador Petro y la bancada de las FARC están muy preocupados y por eso han citado al ministro Carlos Holmes Trujillo al congreso.

Esos senadores -y otros- quieren saber por qué no se pidió permiso al senado para que vengan a Colombia asesores norteamericanos -54, exactamente- a examinar en el terreno, con expertos colombianos, cómo funciona actualmente la cadena de producción de cocaína en Colombia y cuál es la peligrosidad de las organizaciones que la explotan. Es decir, les preocupa a esos senadores que se estudie en el terreno a las FARC de Márquez y Santrich, al ELN y a carteles del narcotráfico de varios colores y brillos, incluidos los del sol. 

Por ahora, Petro se ha limitado a preguntar. Obra con cierta prudencia, dado el hecho de que, si bien el tema, presumo, se va a envolver en palabras y términos de la geopolítica (hablará de USA, Irán, Venezuela, Tercera guerra mundial, etcétera), los norteamericanos observarán el debate como lo que es: un juicio a la presencia norteamericana en la lucha contra la expansión de cultivos de coca en Colombia. Y ahí sí las cosas se ponen color de hormiga para casi todos los senadores, incluidos algunos muy cercanos a Petro y a las FARC, quienes de ninguna manera querrán aparecer ante la opinión como los saboteadores de esa lucha.

FARC ha abierto la partida sin cálculo personal respecto a Estados Unidos, cuyo visado los tiene sin cuidado. A ellos les preocupa Caracas, donde, como lo dijo Maduro públicamente, Márquez y Santrich, es decir, FARC, serán siempre bienvenidas. FARC están jugando el juego de sus copartidarios en el movimiento bolivariano, Maduro y Diosdado y cualquier cosa contra ellos es contra las FARC. La asesoría norteamericana tocará dos zonas geográficas que afectan directamente los intereses de Maduro, Diosdado, Márquez y Santrich. ¿Sería calumnioso decir que las FARC que firman como “bancada del congreso” tienen estrechos vínculos con esos cuatro personajes?

Catorce expertos antidroga norteamericanos que trabajarán en Catatumbo con la Fuerza de Tarea Vulcano para ver cómo se erradica la coca que surte a los laborartorios “siderales”, serán una estaca que se clava en el corazón de Maduro y Santrich. Otros catorce que van a La Macarena, Meta, a apoyar a la Fuerza de Tarea Omega,son balas de plata que le van a romper el alma a Diosdado y Márquez.

Es comprensible, entonces,  la furia del comunicado de los congresistas de FARC: “Denunciamos y rechazamos este hecho y alertamos por las acciones irresponsables de la Política internacional del Gobierno Duque, que conllevan una violación a nuestra soberanía y abonan el terreno para una agresión de los Estados Unidos a la vecina República Bolivariana de Venezuela, poniendo a nuestro país bajo los efectos de una posible guerra internacional”. Simplemente que donde dice “vecina República Bolivariana de Venezuela”, deberá leerse “nuestros amigos Maduro, Santrich, Diosdado y Márquez”.

Supongo que Petro terminará envolviendo su discurso en la recurrente excusa santista: la guerra contra las drogas está perdida. Así eludiría olímpicamente expresar su verdadero interés: la defensa del régimen bolivariano, con el que mantiene estrechos y fraternos vínculos.

Los que sí tendrán que recapacitar son los senadores que se apresuraron a pronunciarse sobre el “tránsito ilegal de tropas norteamericanas”, impresionados por el virulento comunicado nocturno de la bancada de las FARC que anunciaba que un ejercito norteamericano estaba viajando por  carreteras colombianas para atacar a Venezuela. La verdad es que 54 militares norteamericanos van a estar cuatro meses en Colombia, repartidos en cuatro bases antinarcóticos. No es más ni es menos. El Consejo de Estado, cuando en 2004 fueron a ponerle la misma queja con unos militares norteamericanos invitados por el gobierno de Uribe, definió las cosas así: “Los hechos dan cuenta no del tránsito de tropas extranjeras por el territorio de la República, sino de la permanencia de militares extranjeros, particularmente estadounidenses, en el territorio de la Nación, lo que permite concluir que, en los términos planteados en la demanda, no se transgreden las normas constitucionales enunciadas por los libelistas”. 

@JOSEOBDULIO

Publicado: Junio 1 de 2020