La regla ha sido siempre la misma: cuando la dictadura venezolana se ve con el agua al cuello, desvía la atención haciendo sonar los tambores de guerra contra Colombia. El país aún recuerda al alevoso Hugo Chávez, ordenándole a sus rubicundos generales movilizar tropas y tanques de guerra a la frontera, cuando se conocieron los correos y documentos incautados en el computador de alias Raúl Reyes.

Fueron muchas las oportunidades en las que el chafarote venezolano “ordenó” encender sus aviones Zukhoi de guerra con la amenaza de que en minutos tendría bombardeado a Bogotá. Eran alaridos desesperados de un tirano que necesitaba, al precio que fuera, desviar la atención para efectos de mimetizar la crisis interna de su país.

Maduro ha seguido por la misma senda. Ante la catástrofe humanitaria que se vive en su país y el cada vez mayor aislamiento internacional de su régimen despótico y mafioso, ha adoptado la detestable costumbre de ordenar incursiones militares a nuestro territorio, con el claro interés de generar una provocación.

La cancillería colombiana ha estado a la altura delas circunstancias, manteniendo una actitud de firmeza y de permanente denuncia del régimen dictatorial liderado por Maduro y su lugarteniente, Diosdado Cabello.

Venezuela es, hoy por hoy, una verdadera amenaza para nuestro país. Su gobierno, agobiado y perfectamente enloquecido, es capaz de hacer cualquier cosa y eso ha quedado demostrado en las últimas horas cuando un comando de la guardia nacional venezolana ingresó al territorio colombiano por el departamento del Vichada, donde detuvieron ilegal y brutalmente a 3 compatriotas.

En reciente entrevista, el embajador de los Estados Unidos, Kevin Whitaker aseguró que su país respaldará al nuestro en caso de una acción militar ordenada Maduro. Es evidente que en las últimas décadas Colombia enfocó su gasto militar en la contención del desafío terrorista de las Farc y no en prepararse para una eventual guerra con sus vecinos, concretamente Venezuela.

Aquel país está fuertemente armado y gobernado por un tirano desaforado, corrupto y carente de sentido común. Esa mezcla de elementos obligan a que encendamos todas las alertas para que estemos preparados a enfrentar cualquier escenario, incluido el más impensable: el de una agresión militar venezolana.

La política del gobierno Duque ante Venezuela ha sido acertada. El canciller Trujillo, desde el comienzo, aseguró que no enviaría embajador a Caracas. Así mismo, en los primeros 30 días de gobierno, cumplió la promesa de campaña de retirar a Colombia de Unasur, organismo que ha servido para legitimar a la satrapía que lidera Maduro.

El tema de Venezuela no da más. Cero tolerancia y más acción. A las buenas o a las malas, urge que el salvaje que tiene en sus manos los destinos de esa nación, salga del poder. Si se agotan las vías diplomáticas, habrá que recurrir a la fuerza para efectos de lograr un restablecimiento pleno de la democracia en la patria del Libertador.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 18 de 2018