Aunque pareciera imposible, el socialismo del siglo XXI, como un agresivo cáncer, está despertando nuevamente en América Latina. Argentina, cayó de nuevo en las garras de esa corriente retardataria que destroza a la economía y cercena las libertades humanas.

En 2020, el peso argentino tuvo una devaluación del 100% y un desplome de sus mercados de valores superior al 35%, fina atención del régimen kirshnerista  que hoy encabeza un monigote de la terrible Cristina Fernández, don Alberto Fernández sujeto que ha dado sobradas muestras de incompetencia.

En menos de un año y medio de gobierno, el país austral registró un desempleo superior al 11% y una inflación del 36.1% el año pasado.

Bolivia, que tanto esfuerzo le costó sacudirse del régimen del cocalero Evo Morales, insólitamente terminó eligiendo a un testaferro del indígena que oprimió a ese empobrecido país durante 13 años.

Efectivamente, Luis Arce asumió en diciembre del año pasado, cabalgando sobre el caduco discurso bolivariano que mantuvo a Morales en el poder.

Ecuador estuvo a punto de sucumbir nuevamente ante el modelo socialcomunista. Un valido de Rafael Correa, Andrés Arauz arrasó en la primera vuelta con el 32.7% de los votos. Pasó cómodamente al ballotage con el conservador Guillermo Lasso quien obtuvo el 19.74% de los sufragios.

Todas las encuestas y pronósticos apuntaban a la victoria del correista y chavista Arauz. De un momento a otro, la sensatez y el sentido de supervivencia se apoderaron de los electores ecuatorianos que inclinaron la balanza hacia Lasso, con lo que salvaron el maltrecho régimen de libertades que se registra en ese país.

Ahora, las dos grandes amenazas están en Perú y en Colombia.

En poco más de un mes, se celebrará la segunda vuelta en Perú, país que ha tenido 4 presidentes en menos de 5 años.

La inestabilidad política ha abonado el terreno para que germine la opción de un comunista declarado como Pedro Castillo quien, como están las cosas tiene todo servido para ser el próximo presidente de ese país.

Castillo es un marxista declarado que ha dicho que acabará -como también ha esbozado Petro en Colombia- con la propiedad privada a través de expropiaciones y la estatización de la salud, los medios de comunicación y los fondos privados de pensiones.

Como Petro, Castillo es un alevoso incitador de la lucha de clases y enemigo declarado de la libertad económica.

Las encuestas, a poco más de un mes de la segunda vuelta, indican que ese sujeto tiene 20 puntos de ventaja sobre su rival, la dirigente Keiko Fujimori. Si las elecciones fueran hoy, Castillo obtendría el 41.5% y Fujimori el 21.5%.

El gran desafío que tiene la defensora de la democracia Fujimori es el de conquistar al 21% de ciudadanos que dicen querer votar en blanco y al 13% de inconformes que planean hacer que su voto sea nulo. En Perú, el voto es obligatorio.

Abundantes y angustiantes ejemplos tiene Colombia donde las encuestas arrojan un resultado alarmante a favor del socialcomunista Gustavo Petro. Su ventaja es innegable, como también lo es el hecho de que no tiene un rival definido.

En el centro-derecha, hay una multiplicidad ridícula de precandidatos, ninguno de ellos con peso específico ni posibilidades reales. Esa realidad obliga a que, en aras de salvar la democracia y la libertad de Colombia, todos esos precandidatos sellen un pacto, identifiquen un mecanismo sólido que conduzca a la selección de candidato único y lleguen unidos como una coalición por la libertad a la primera vuelta prevista para el mes de mayo del año entrante.

Colombia tiene que salvarse, como Ecuador, del nefando comunismo que la acecha.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 4 de 2021