El libretista experto en promover la denominada “pornomiseria” en la sociedad colombiana, Gustavo Bolívar no es el primero ni será el último integrante de la “farándula” en incursionar en la política. La democracia así lo permite y ante eso, no hay comentario que valga.

En el Congreso, estuvieron la actriz Nelly Moreno y el histórico presentador de Sábados Felices, Alfonso Lizarazo. Ahora, Bolívar aspira a ser elegido en la lista que respalda al candidato chavista, Gustavo Petro.

La constitución fija las condiciones que se requieren para ser elegido como senador de la República y, como es natural, no impone unos mínimos académicos lo cual permite que al parlamento lleguen personas perfectamente ignorantes de la labor del Congreso.

En el artículo 114 de la Constitución, el cual evidentemente no ha sido repasado por el libretista Bolívar, se contemplan las 3 funciones esenciales del Congreso: “reformar la constitución, hacer las leyes y ejercer control político sobre el gobierno y la administración”.

En plena campaña política, Gustavo Bolívar, uno de los principales promotores del odio, aseguró a través de su cuenta de Twitter que “una (sic) de mis objetivos en el Senado se llama Álvaro Uribe Vélez. Trabajaré sin descanso, para hacer valer las pruebas que existen, y recaudar pruebas nuevas, hasta llevarlo a la cárcel o a la JEP #cárcelparauribe”.

Así, como quien no quiere la cosa, el libretista anunció que incurrirá en múltiples delitos en caso de llegar al Senado de la República, empezando porque aunque no las tenga, se apropiará de facultades investigativas y de policía para “llevar” al expresidente Uribe a la cárcel.

Según el código penal –artículo 428-, “el servidor público que abusando de su cargo realice funciones públicas diversas de las que legalmente le correspondan, incurrirá en prisión de uno (1) a dos (2) años e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas por (5) años”.

Más allá de los formalismos jurídicos, la amenaza de Gustavo Bolívar pone sobre la mesa el talante arbitrario y perseguidor del petrismo, corriente que de llegar al poder, literalmente arrasará con la oposición que lidera Álvaro Uribe Vélez. Igualmente, sin que los congresistas tengan competencia para ello, si Bolívar dice que intentará conducir a Uribe a la JEP, está develando que la justicia diseñada exclusivamente para absolver a las Farc, será utilizada para castigar a quienes desde la democracia combatieron y enfrentaron el desafío terrorista de esa estructura criminal.

No faltará el incauto que movido por el odio hacia Uribe, corra a votar por Gustavo Bolívar. Ese elector, será objeto de un gran desengaño cuando confirme que por absoluta y alevosa ignorancia, la promesa hecha por el candidato-libretista jamás podrá hacerse realidad.

Ese es el país que deja Santos: totalmente polarizado, con unos sectores extremistas y antidemocráticos, cargados de odio, que buscan el poder obsesivamente para destruir, para fomentar la lucha de clases, perseguir a los empresarios, a los propietarios de tierra y todo aquello que de una u otra forma sea una talanquera para el establecimiento del nefasto modelo chavista que destruyó a Venezuela y con el que ahora quieren destruir a Colombia.

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 21 de 2018