La humanidad está siendo instrumentalizada por el poder que debería estar al servicio de la verdad, ponderación e información objetiva y veraz; pero no, los medios de comunicación tradicionales se sumergieron en intereses ideológicos que les representa beneficiarse de otro poder, el poder económico.

Los incendios generados en el piedemonte amazónico en Brasil -graves para el ecosistema, el medio ambiente del mundo e irreparables por años- sirvieron para pasarle cuenta de cobro por parte de los medios de comunicación del mundo al presidente Jair Bolsonaro, quien derrotó estruendosamente al Partido de los Trabajadores, abiertamente de izquierda, promotor y financiador del proyecto chavista y de las izquierdas de Latinoamérica a través del Foro de Sao Paulo.

La Amazonia tiene un enemigo en común: ilegalidad. Primero fueron los caucheros, quienes finalizando el siglo XVIII encontraron en los árboles nativos de la selva una poderosa oportunidad para colonizar e iniciar la extracción del jugo de plantas y árboles que convertían en su nueva actividad comercial que atrajo migrantes de diferentes partes del mundo para destrozar la selva.

Posteriormente la Amazonia sufrió la invasión de madereros, legales e ilegales, que no solo desplazaron y liquidaron a sus ancestrales habitantes, sino que son responsables de los peores males que puede tener el pulmón del mundo.

Brasil fue gobernada durante los últimos 14 años por el Partido de los Trabajadores, fundado por Luiz Inàcio Lula da Silva, quien se encuentra pagando condena por actos de corrupción durante su mandato. La lógica, lo que menos se aplica hoy en día, debería asegurar que, durante el largo periodo de gobierno de la izquierda, la selva amazónica se recuperó y quedo protegida para siempre… aplicando el discurso ambientalista que predican en tribunas, foros internacionales y redes sociales los militantes y gobernantes de izquierda, no solo el Brasil, sino en gran parte de los países democráticos.

Lo que sucede con la selva amazónica y con el medio ambiente en el mundo no es responsabilidad de Bolsonaro, ni de Duque, ni de Trump, es responsabilidad de la humanidad, quien prefirió avanzar en la descomunal competencia económica sin medir el desastre ambiental que comenzamos a padecer. Sabiendo que vendrán cosas peores.  

En Colombia, por ejemplo, el gran enemigo de los páramos y bosques protegidos es la ilegalidad que avanza para inundar de coca y marihuana lo que debería ser santuario intocable del hombre y despensa de agua, aire y todos los beneficios que genera en el equilibrio del planeta la naturaleza.

Fácil responsabilizar a quienes heredaron problemas que parecen no tener solución; porque el poder de las economías ilegales es superior al poder legal del Estado que compite con proyectos productivos y ambientales para suplir una economía que pesa descomunalmente frente a la que puede ofrecer la legalidad o el Estado.

Los medios de comunicación antes de señalar responsables por cálculo político, debería utilizar su poder para convocar e incentivar la reeducación y aceptar responsabilidad que tenemos todos los seres humanos en la protección del lugar común, de la casa común, como definió al planeta el Papa Francisco.

La selva, bosques, páramos y ríos no se recuperan a punta de titulares ideológicos y políticos, es informando con la verdad.

@LaureanoTirado

Publicado: agosto 27 de 2019