El lamentable espectáculo montado por la alcaldesa de Bogotá, desnuda una vez más el talante fantoche de quien tiene en sus manos la administración de la capital de la República.

La puesta en escena de Nayibe, cuyo propósito era el de, una vez más, sacar provecho político de la delicada situación de orden público que se vive en Bogotá, en buena medida por su incapacidad para contener a los vándalos que pusieron en  marcha un plan concertado que desembocó en el incendio y destrucción de decenas de estaciones de policía y CAI, merece ser rechazada de plano por todos los sectores sociales y políticos del país. 

Debidamente notificada de que el presidente Duque no podía atender un evento simbólico, la alcaldesa, asesorada quién sabe porqué agencia de estrategas políticos novatos, resolvió delegar a un hombre debidamente embozado -con morral pendiendo de sus hombros- para que pusiera un letrero sobre una silla vacía con el nombre del presidente de la República. 

La escena, que ha sido ampliamente difundida por los medios de comunicación, es un indigno elogio a la chapucería. La imagen del misterioso hombre ubicando el cartel con el nombre del presidente, no se compadece en absoluto con la que la alcaldesa se encargó de filtrar a la prensa.

Pero el punto es de fondo y trasciende los detalles del rudo montaje de la doctora López. Este no es momento para sacar ventaja política. La investigación por la muerte del abogado Ordóñez debe darse con el fin de determinar realmente qué sucedió y quiénes deben asumir las consecuencias por esa situación. Pero también es necesario llevar ante la justicia a los planificadores y ejecutores de la operación criminal que, concertadamente, ha destruido una parte muy importante de la infraestructura de la Policía Nacional en la ciudad. 

No es la primera y, lastimosamente, no será la última vez que la alcaldesa López intente obtener réditos políticos de una tragedia humana. Doña Nayibe no ha podido entender que quien manda en Colombia en materia de orden público, es el presidente de la República. Ha sido muy difícil que ella comprenda que su función es de “coordinación”, tarea que evidentemente no ha realizado. Su propuesta de “liquidar” a la Policía Nacional es inviable, imprudente e impolítica.  

Flaco servicio le prestan a nuestro país, aquellos que alzan su voz para proponer el cierre y la refundación de un nuevo cuerpo policial, borrando de tajo más de 128 años de historia de ese cuerpo que ha sido definitivo para la estabilidad de nuestra democracia. 

En tiempos de crisis, cuando la extrema izquierda avanza aceleradamente hacia su objetivo de poner en jaque al Estado de derecho, corresponde rodear a las instituciones y no debilitarlas sometiéndolas a enjuiciamientos ensoberbecidos, donde la ponderación ha sido alevosamente desplazada por el apasionamiento y el rencor. 

Todo el apoyo y respaldo a nuestra Fuerza Pública. No podemos olvidar que gracias a nuestros soldados y policías, Colombia ha logrado contener la amenaza terrorista. Los errores que puedan cometer algunos integrantes de las fuerzas del orden no son, ni mucho menos, razón para estimular su desprestigio, ni sustento para obtener roñosas ventajas politiqueras como efectivamente intenta hacer la errática alcaldesa Claudia Nayibe López.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 15 de 2020