La historia nos demuestra que casi siempre terminan pagando justos por pecadores. La acción de uno solo repercute en la imagen del grupo, así el resto haya obrado correctamente. Sin embargo, no podemos permitir que en nombre de esa tendencia se tiren a la basura 200 años de historia de nuestro glorioso Ejército Nacional por la inaceptable conducta de unos pocos.

Creo que no hay nadie que no afirme con vehemencia que toda violación es absolutamente despreciable. No importa quién la cometa. El simple hecho que alguien tenga los alcances para perpetrar la más salvaje de las conductas es suficiente para que sobre esa persona caiga todo el peso de la ley.

Sin embargo, que unos soldados hayan cometido tal conducta no quiere decir en lo más mínimo que la Fuerza Pública esté compuesta por entidades que adoctrinan a sus más de 411 mil miembros para seguir esos pasos. Tal falsedad solo cabe en la mente de aquellos que quieren acabar poco a poco con la institución más querida por todos los colombianos.

Ahora bien, que esos dichos provengan de ciertos sectores radicales del País no tiene nada de raro. Al fin y al cabo, muchos nunca se han sentido cómodos con el actuar de la institucionalidad. No obstante, lo preocupante es que ahora la ONU pretenda intervenir para determinar el futuro de las Fuerzas Militares y cercenar sus funciones.

¿Por qué ese organismo internacional tiene que pedirle al Presidente que no use al Ejército para mejorar la seguridad ciudadana? La razón no puede ser otra distinta a causas políticas que no deberían motivar el actuar de dicha entidad…

Por eso, lejos de restringir la presencia del Ejército en el territorio nacional, hay que fortalecerla. No solamente para llevar a cabo las operaciones militares que garantizan la seguridad en las regiones, sino porque, si somos realistas, esta institución es la única extensión del Estado que logra hacer presencia hasta en el último rincón de la geografía patria.

Y no precisamente para matar campesinos o violar niñas, como ahora quieren hacerlo parecer, sino para mejorar los lazos de cooperación entre la institucionalidad y las comunidades. Por ejemplo, ¿qué sería de la conectividad vial de los municipios de 4, 5 y 6 categoría sin la invaluable labor de los ingenieros militares? O ¿cómo serían las navidades de los niños de las familias en condición de vulnerabilidad sin las generosas y sinceras gestiones de el programa de acción social del Ejército?

No señores, la solución no es desmantelar al Ejército ni mucho menos limitar sus funciones. La labor del Estado debe ser integral y ha de contar con la cooperación de todas sus entidades para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, desde la seguridad ciudadana hasta las obras benéficas en pro de los más necesitados.

La institucionalidad militar debe estar más firme que nunca en estos momentos y así como ha embestido los ataques del terrorismo en el pasado, en estos momentos debe afrontar con determinación la sistemática campaña de desprestigio que se ha puesto en su contra.

¡Ya es hora que se pare la injusticia de pagar justos por pecadores! Y esto aplica para todos los sectores.

@Tatacabello

Publicado: julio 11 de 2020