Ha quedado en evidencia que la señora Caterina Heyck, magistrada de la JEP, fue la principal promotora de la excarcelación del capo del narcotráfico y hoy prófugo de la justicia, alias Jesús Sántrich.

La señora Heyck, abogada del colegio mayor de nuestra señora del Rosario es una antigua militante de la extrema izquierda, que fungió como directora de articulación de fiscalías nacionales especializadas, durante la oscura época de Eduardo Montealegre y Jorge Fernando Perdomo Torres, cuando la fiscalía general de la nación estuvo convertida en un antro de corrupción, en el que se repartían contratos a granel.

Una de las favorecidas de la repartición irresponsable de contratos fue la cuestionada Natalia Lizarazo García, mujer que utiliza el nombre comercial de Natalia Springer Von Schwarzenberg, quien se apropió de varios miles de millones de pesos, vendiendo la tesis de que la investigación de crímenes de lesa humanidad podía adelantarse por medio de la utilización de un algoritmo (¡!). 

Heyck Puyana, de acuerdo con el testimonio de un alto funcionario de la fiscalía de esa época que habló con LOS IRREVERENTES, fue una de las más entusiastas patrocinadoras de la cuestionada Natalia Lizarazo -Springer-. 

La señora Heyck es candidata a todo. Luego de ser despedida de la fiscalía, en medio de un escándalo macabro, intentó ser elegida como Defensora del Pueblo en 2016. Su candidatura fue recibida con recelo y desconfianza en la Cámara de Representantes -corporación que tiene el mandato constitucional de elegir al Defensor del Pueblo-, al punto de que de los 168 votos posibles, ella solamente obtuvo uno. 

Con el amargo sabor de la derrota en su boca, Caterina Heyck puso su mirada en la Jurisdicción Especial de Paz, JEP, tribunal hecho a la medida de las necesidades de la banda terrorista Farc. Presentó su hoja de vida ante el denominado “comité de escogencia” para efectos de ser considerada como magistrada de ese nefando ente judicial.  

El 21 de septiembre de 2017, fue entrevistada por los encargados de decidir los nombres de todas las personas que integrarían a la JEP. En una de sus respuestas, la señora Heyck aseguró que “la JEP debe entrar a dar resultados ya, en el corto plazo, que las víctimas encuentren que ya se les está poniendo atención, que el país encuentre que la justicia está respondiendo estos requerimientos (sic)..”

A primera vista, la señora Heyck se mostró ante los seleccionadores de la JEP como una persona comprometida con las víctimas y con la sociedad, mas no con los victimarios. 

Pero un par de años antes de esa entrevista de trabajo, en un reportaje para el periódico El Tiempo, publicado en junio de 2015, la Heyck dejó ver su laxitud frente a los terroristas. En dicha entrevista, la hoy magistrada de la JEP parecía una activa promotora de la guerrilla, al decir que “hay que permitir que los líderes de las Farc puedan participar en política. No se les puede negar esta posibilidad democrática. Hay que tener en cuenta que el proceso tiene un componente de negociación política”.

Respecto de los castigos que debían recibir los cabecillas de la banda terrorista por los crímenes atroces que cometieron, la señora Heyck destapó vulgarmente sus cartas: “El concepto de justicia va mucho más allá de la cárcel. La cárcel no es per sesinónimo de justicia. Hay que ser creativos con la pena alternativa: el desminado, el trabajo social, la construcción de infraestructura, la reparación de los daños ambientales, la participación en misiones ambientales, por ejemplo, opciones novedosas que contribuyan con la reconciliación y la reconstrucción del país”. En pocas palabras, expiar sus culpas lavando platos y barriendo aceras. 

Y cerró su catilinaria profarc sentenciando que “hay que ser realistas y decirles a los colombianos que la solución de un conflicto armado de 60 años no es tener a Iván Márquezen La Picota”.

Es evidente que la ahora magistrada de la JEP, al decir popular, no llora por sus dos ojos. En la entrevista en cuestión, donde fue totalmente caritativa, generosa y amplia con las Farc, mostró contundencia frente a los grupos de autodefensa. Al referirse al proceso con las AUC, dijo que “el país no ha entendido completamente lo que fue el fenómeno paramilitar. Fue un periodo demencial de violencia, un capítulo vergonzoso de crueldad, violencia sexual, torturas, desplazamiento, desapariciones y masacres. La mayor degradación humana…”.

Llama poderosamente la atención que la “magistrada” Caterina Heyck Puyana no haya utilizado ese mismo tono para calificar a los crímenes de las Farc. ¿O Será que en criterio suyo, esa banda terrorista no incurrió en actos de barbarie? No sobra que le dé una revisada a los dramáticos testimonios de las niñas que fueron esclavizadas con propósitos sexuales, o de los campesinos que fueron brutalmente desplazados, por no ahondar en los miles de colombianos víctimas de secuestro, entre muchos otros crímenes de lesa humanidad perpetrados por los sádicos de las Farc. 

Conociendo los antecedentes ideológicos y la generosidad con que la señora Heyck ha tratado desde siempre a la guerrilla narcotraficante y terrorista, no extraña entonces que haya sido ella, precisamente, la persona que al interior de la JEP dio la batalla para que ese tribunal ordenara la liberación del capo alias Jesús Sántrich, quien ahora se encuentra, junto a Iván Márquez -ese mismo por el que ella abogó para que nunca sea llevado a la cárcel- reorganizando estructuras terroristas con las que azotarán al pueblo colombiano. ¿Heyck tendrá el coraje de ponerle la cara al país, reconocer su error y renunciar a la JEP? ¿Asumirá ella la responsabilidad de los actos criminales que en adelante cometa el grupo ilegal del extraditable fugitivo, Jesús Sántrich?.

@IrreverentesCol

Publicado: julio 16 de 2019