A buena hora el Presidente Duque decidió designar a Juan Carlos Pinzón como Embajador en Washington. Un nombramiento elocuente que entiende la necesidad de recomponer la relación más importante que tiene Colombia y que, desafortunadamente, no pasa por el mejor momento.

Si hay un cargo realmente importante en el Gobierno es este. El Embajador de Colombia ante Estados Unidos es el puente directo con nuestro principal aliado comercial, político y militar. El 28.7% de las exportaciones nacionales van a suelo americano y el 25% de la inversión extranjera directa que llega al País proviene de la Nación del norte.

Además, cerca de 1.2 millones de colombianos que viven en la Unión Americana envían anualmente un promedio de US$2.421 millones en remesas y por concepto de cooperación internacional Washington le entrega a Bogotá US$450 millones que nutren año tras año el Presupuesto General de la Nación.

Por eso, en manos de este Embajador está la responsabilidad de coordinar una relación sin la cual Colombia difícilmente podría subsistir. Y para nadie es un secreto que los últimos años las cosas no se manejaron de la mejor manera.

El Presidente Trump estuvo a pocas horas de descertificar a Colombia como País que cumple con la lucha contra las drogas y es evidente que la administración Biden no está muy cómoda con el Gobierno Duque. La cercanía del ejecutivo con la campaña republicana causó ampolla en los toldos demócratas y hoy en día la relación pasa por una tensa calma.

De hecho, la dinámica recientemente vista ha puesto en riesgo el principal activo que tiene el País: el apoyo bipartidista que ha logrado cosechar a lo largo de los últimos 20 años. Un factor determinante que ha permitido que Colombia no se encasille como una causa conservadora o liberal, sino como un aliado estratégico que supera divisiones políticas.

Claramente, para recuperar esa confianza se necesitaba, con urgencia, de un nombre con experiencia que le brindara tranquilidad al Capitolio, la Casa Blanca y los inversionistas. Y nadie mejor que Juan Carlos Pinzón. Un hombre de Estado que ya se desempeñó con altura en esa posición y conoce perfectamente los pormenores de la política americana.

Porque seamos claros, con esta Embajada no se puede experimentar, ni jugar a ensayo y error y mucho menos convertirla en una cocina de chismes. Desde la primera hora el representante de Colombia ante ese País debe ejecutar una extensa y detallada agenda para aumentar las exportaciones, atraer capitales y fortalecer la cooperación militar de dos naciones que se necesitan recíprocamente.

Aunque este cambio se debió haber hecho antes, estamos a tiempo de recomponer el rumbo. Queda poco más de un año de este Gobierno, tiempo suficiente para que Pinzón se acerque a los demócratas y preserve el visto bueno de los republicanos. Todo, en aras de proteger los intereses de la Nación.

@Tatacabello

Publicado: junio 18 de 2021