Hace un par de semanas vi por última vez a José Félix Patiño. Sentado en el Auditorio de la Academia Nacional de Medicina esperaba el inicio de la sesión ordinaria donde se presentaba un nuevo miembro correspondiente con el novedoso trabajo sobre Cáncer de Pulmón y los modernos tratamientos para extender la supervivencia (Cardona A.) Verle sentado a este hombre de 93 años para cumplir la invitación y asistir a la sesión fue toda una enseñanza. Con cánula nasal y bala portátil de oxígeno escucho toda la exposición. Atento, siguiendo la disquisición y escuchando los comentarios de discusión del experto. Marcadores tumorales, estudios genéticos e inmunoterapia. Aprendiendo a los 93 años, llevando a ese cerebro prodigioso más estímulos para crear nuevas redes sinápticas en ese conglomerado ya existente. Con gran tino el presidente de la A.N.M. le dio una cálida bienvenida sin saber qué sería su última sesión.

Muchas letras se han escrito sobre el doctor Patiño. Médico Cirujano de la Universidad de Yale, tesis laureada y sobresalientes investigaciones. Su pasión por la enseñanza la suelta en el Hospital La Samaritana como Jefe de Cirugía donde sus textos sobre metabolismo, nutrición, gases e insuficiencia respiratoria fueron de obligada consulta en numerosos estudiantes que bajo su influencia crecieron. Siempre adelante en todo, impulsor de bancos de datos y de la telemedicina e información a distancia. Con discernimiento inquieto y observación juiciosa sobre las modalidades del conocimiento y de la enseñanza.

Admiraba más al educador que al cirujano. Rector de la Universidad Nacional, proyectó su rumbo para las próximas décadas. Reestructuró su curriculum y con pénsum renovados, cambió su misión por décadas. Vigilante y preocupado por el recurso humano pretendía dar siempre las mejores opciones a los estudiantes. Se desveló para darle vida a la carrera docente y su formación contínua. La actualización de los profesores, su constante motivación. Innovar e investigar su lema. Fundador de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes con un sello propio: los estudiantes deben ser integrales y con sólida formación cultural para que exploten las ventajas de los currículos flexibles del programa de pregrado.

El bienestar de los colombianos y su desvelo por la salud pública fue otra fuente de motivación y reflexión. Ocupó con lujo muchos cargos y nunca un manto de duda cuando entregaba gestión para que otros continuaran el camino ya empezado. Ministro de Salud, presidente de Ascofame, presidente de la Academia Nacional de Medicina, fueron algunas de las responsabilidades que este ser humano excepcional desarrolló con altura y responsabilidad

Trascendente pensador y orientador de opinión, hay que mencionar al humanista. La persona de los imperativos éticos, concebía al médico como un ser integral. Sumergido en una cultura oceánica que le permitieran bucear hondo las entrañas y misterios del conocimiento. Generoso, donó su biblioteca personal (cerca de 11 mil obras) a la Universidad Nacional: “mis mejores amigos” les decía a sus libros.

Una anécdota final con el doctor Patiño de hace un par de años reflejan la elegancia del Maestro. En la última campaña electoral manifestó abiertamente su apoyo por un candidato que prometía un revolcón en el sistema de salud. Mi visión era distinta; seguir con el modelo actual con ajustes para no caer en el abismo de la no cobertura e improvisación. Me sorprendió su manifestación y expresé que la Academia Nacional de Medicina, como órgano consultor y asesor del estado en el sector salud, debía mantener una postura distante e independiente de los movimientos políticos.

Al día siguiente recibí una llamada del profesor Patiño y en tono gallardo, amable me comentó que él hablaba a título personal. No era vocero de ningún gremio, institución médica o asociación. Entendí su explicación. Al despedirme le dije: “Maestro usted es la Academia.”

@Rembertoburgose

Publicado: marzo 4 de 2020