¿Cómo liberamos a los secuestrados? ¿Accedemos al intercambio humanitario que dejaría en libertad a los peores criminales del País? ¿Tomamos el riesgo de un operativo militar? ¿Solicitamos ayuda de otros países que hasta la fecha no han logrado nada?

Estas eran, quizás, las preguntas más difíciles que se hacía el País hace 11 años. A pesar que se había avanzado de forma contundente en la lucha contra el terrorismo y Colombia no solamente estaba lejos de aquella especulación de finales de los 90´s de ser un Estado fallido, sino que se proyectaba como una de las economías más sólidas de la región, los secuestrados eran el principal talón de aquiles al que se tenía que enfrentar el Gobierno.

Todas las personas que estaban en cautiverio en la selva debían ser liberadas, sin duda alguna. Sin embargo, había un grupo especial que las Farc convirtieron en la joya de la corona y eran la principal carta de chantaje político al Presidente Uribe: Ingrid Betancourt, los 3 americanos y más de 10 oficiales y suboficiales de larga trayectoria en las instituciones.

En efecto, el hecho de tener encima la presión de Francia, Estados Unidos y las familias de las Fuerzas Militares para que no se pusiera en riesgo la vida de los secuestrados en un eventual rescate militar era un aspecto que había sabido aprovechar la guerrilla, a tal punto que para liberarlos proponían hacer un “acuerdo humanitario”, lo que no era otra cosa distinta a devolver a la selva a los miembros del secretariado que con tanto sacrificio las Fuerzas Armadas habían logrado capturar.

Además, con un agravante. Si se accedía a la propuesta de la guerrilla el número de secuestros se iba a disparar de nuevo, dado que se creaba el incentivo perverso para que las Farc se fortalecieran militarmente tras recuperar a sus integrantes gracias al intercambio.

La decisión no era para nada fácil.

Afortunadamente el Gobierno Uribe supo esperar, resistió la presión y esperó el momento oportuno para propiciar el golpe más contundente en la historia militar de Colombia y uno de los más importantes del mundo. El rescate militar más efectivo de los últimos tiempos sin un sólo disparo.

Sencillamente impresionante.

Una hazaña que sin lugar a dudas nos unió como País y nos permitió ver que era posible derrotar al terrorismo que tanta sangre inocente había derramado y que ahora quedaba completamente humillado ante los ojos del mundo que se quitaba el sombrero para aplaudir la sagacidad de nuestro glorioso Ejército Nacional.

Desde ese momento la confrontación con las Farc no sería la misma. El cinematográfico fracaso de esa organización junto con el sometimiento a la Ley y los incentivos para la desmovilización individual marcarían definitivamente la derrota de esa organización frente al Estado Colombiano. (Después, con la desafortunada Presidencia de Santos se perdería el rumbo, pero no entremos en malos recuerdos)

Han pasado 11 años y los colombianos seguimos recordando ese día con un profundo sentimiento de orgullo y gratitud a todos los héroes que lo hicieron posible en el campo de batalla, a los Generales Montoya, Padilla, Rey y al Presidente Uribe, quienes supieron mantener la calma y manejar la situación con tal fortaleza que lo que parecía un alejado sueño para tantas familias se convirtió en realidad.

@Tatacabello

Publicado: julio 5 de 2019