Fue, sin duda, una de las operaciones militares más importantes de la historia reciente. Ejércitos y organismos de seguridad del planeta entero han aplaudido la planificación y ejecución de Jaque, la acción que, sin disparar una sola bala, permitió el regreso de los militares y policías secuestrados por las Farc, además de los 3 contratistas norteamericanos y la excandidata presidencial, Íngrid Betancourt.

Jaque tuvo lugar dos años antes de que el presidente Uribe culminara su segundo periodo presidencial y supuso un crecimiento impresionante de su popularidad. Llevaba 6 años al frente del gobierno y su aprobación, después de la ejecución de Jaque, superó el 85%. Para el pueblo colombiano, haber logrado la liberación de un importante grupo de secuestrados, sin que mediara un despeje o una negociación como exigían los terroristas de las Farc, era digno de ser aplaudido y respaldado.

Cuando se produjo Jaque, el ministro de Defensa era Juan Manuel Santos, quien habilidosamente se montó sobre el lomo del éxito de la operación para sacar réditos políticos.

Con todo cinismo, llegó al extremo inaudito de escribir (mandar a escribir) un libro en el que narraba la gesta heroica de nuestros militares, poniéndose él en el medio, como si hubiera participado activamente en la ejecución. La realidad es totalmente distinta a lo que Santos ha dicho una y otra vez.

Lo cierto es que en el momento más importante de la proyección de los pormenores de Jaque, Santos se fue de vacaciones a Europa. Mientras el general Montoya, comandante del Ejército, ultimaba detalles, evaluaba riesgos y mitigaba cualquier peligro, Santos paseaba por las principales capitales europeas de la mano de su esposa.

Todos en la Casa de Nariño sabían que Jaque había tenido el respaldo del presidente Uribe, de la cúpula militar, sin que Santos conociera los pormenores de la misma. De hecho, cuando regresó de sus vacaciones en el viejo continente, conoció el plan A y el plan B de la operación Jaque. Ante la posibilidad de que los secuestrados no fueran embarcados en el helicóptero que los llevaría a la libertad, Santos sostuvo la tesis de que debía abortarse la operación y permitir que los rehenes de las Farc fueran devueltos a la profundidad de la selva, una posición que en su momento no fue compartida por el presidente Uribe ni por los militares que habían planificado la operación.

La suerte acompañó a Santos. A pesar de haber estado ausente del país durante la fase definitiva de la organización final de Jaque, su condición de ministro de Defensa le permitió quedarse con los créditos de esa estupenda acción que colmó de honor y gloria a nuestro Ejército.

Santos llegó a la presidencia y los militares que arriesgaron sus vidas rescatando a los secuestrados quedaron en el más absoluto olvido. El general Mario Montoya, uno de los militares más importantes, inteligentes y valerosos que ha tenido nuestras Fuerzas Militares, es objeto de una demencial persecución judicial. Santos, como presidente, llevó a los terroristas de las Farc al Congreso, mientras que permitió que el general Montoya fuera conducido con toda iniquidad a los juzgados de Paloquemao.

@IrreverentesCol

Publicado: Julio 4 de 2018