El artículo 200 de la Ley 5ª de 1992 o Reglamento del Congreso de la República establece literalmente que “[Cuando una Cámara hubiere declarado infundadas las objeciones presentadas por el Gobierno a un proyecto de ley, y la otra las encontrare fundadas, se archivara el proyecto”. Es decir que ad portas de estrenarse el Estatuto de la Oposición con el derecho de réplica por parte del Partido Verde, el Polo, la UP y Las FARC, tras la alocución del Presidente Iván Duque, se observa que serán las bancadas de los Partidos Centro Democratico y Conservador las que llevaran la voz cantante en la defensa de la postura del gobierno con relación a los reparos al proyecto de ley estatutaria reglamentaria de la JEP.

Estos instantes de la vida republicana determinan sin duda, que se consolida una fuerza política indivisible, fundible, entre esos dos partidos políticos, el Centro Democratico y el Partido Conservador. Y se definen por ahora las fuerzas alternativas de la oposición. Quedando expectantes el Partido Liberal y Cambio Radical, que sin ser partidos de gobierno, no serán tampoco de la oposición, reservándose el primer boleto para la alternancia del poder, tal como está el trazado de las recomendaciones para encauzar la política colombiana, desde cuando se suscribió el famoso “Acuerdo Democratico Fundamental” en 2010.

El país va por buen camino. El presidente Iván Duque sabe que debe sostener la gobernabilidad con la estrechez fiscal del Tesoro Nacional que impide satisfacer los anhelos de la clase  parlamentaria, por atender las múltiples solicitudes de inversión pública en las regiones. No es fácil, pero con el libro de la contabilidad pública abierto para conocer la realidad de las finanzas, se puede concertar la agenda legislativa con la colaboración del Partido Liberal y Cambio Radical.

Ya las fuerzas legítimas de oposición se agruparon. El Partido Verde, el Polo, la UP y Las FARC, tienden también a fundirse en una sola fuerza política y en un futuro no muy lejano puede que también terminen fusionadas legalmente o al menos en una gran confederación de izquierdas para que estatutariamente encuentren unos mínimos de cercanías ideológicas que les permitan avanzar como una organización alternativa para gobernar, sin pretender cambiar el modelo económico que es en parte lo sustancial que genera miedo y odio a la vez en buena parte de la  población colombiana.

Llegar hasta donde va la participación política en materia de partidos, ha sido tarea de varias voluntades y del concurso del PNUD, la ONU, el  Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria (NIMD) y el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA Internacional). Las cabezas de los partidos y los miembros directivos de los mismos, que entendieron y supieron interpretar la hoja de ruta que definía la modernización de los partidos y su proceso de fortalecimiento democrático, van muy encarrilados hacia una democracia de partidos vigorosos como instrumentos para lograr la paz política en Colombia. La discusión sobre la JEP y las coyunturales objeciones sirven de ejercicio para la práctica democrática civilizada. Adelante Gobierno y Congreso Nacional; la discusión ideológica, la dialéctica partidista enriquecerán el debate y fortalecerán la paz.          

@AlirioMoreno

Publicado: marzo 14 de 2019