Si algo queremos los colombianos, es avanzar en un escenario de reconciliación en el que se abandonen los odios, las descalificaciones y los señalamientos dando el paso hacia la unidad nacional en el propósito de atender todas las recomendaciones de los organismos internacionales y de los grupos de países cuyas preocupaciones radican en el sostenimiento de los recursos naturales y en la paz de la región.

La mejor decisión de hoy,  es la de entregar la patria en las manos de un hombre capaz de unirnos a todos, alrededor de un proyecto de reconstrucción de país en el que quepamos todos y se logre la implementación de los acuerdos a partir de la búsqueda de la paz con garantías de perdón y reconciliación, en cuyo caso, instituciones como la JEP sea la competentes para sentenciar en nombre del Estado, sin odios de clase y con objetividad, el indulto y la amnistía de todas aquellas conductas de los colombianos que por causa, necesidad o simpatías políticas se vieron involucrados de manera directa o indirecta en el conflicto armado de los últimos sesenta años. La ley tiene sentido erga-omnes y su desarrollo e implementación debe ser para todos.

Sin duda, la polarización se mantendrá en los próximos cuatro años. Será una polarización entre gobierno y oposición, argumentada y civilizada. Solo le pido al Doctor Iván Duque que mantenga la llama y el fervor que despiertan su personalidad, prendida y viva durante los cuatros años del próximo mandato. Colombia necesita hoy elegir a Iván Duque y a Marta Lucia Ramírez como dupla para sacar adelante este país de la patria boba en la que nos encontramos. Y aunque creo firmemente que Gustavo Petro y su fórmula vicepresidencial estarán destinados a liderar la oposición desde el Congreso Nacional porque hoy adquirirán el derecho a ser el uno Senador y la otra Representante a la Cámara, lo harán con argumentos, abandonando esquemas recalcitrantes como los que representan Claudia López y recaderos del talante de Ariel Ávila.

Otra suerte correría Colombia, si las urnas favorecieran a Gustavo Petro para ser el Presidente. Sería una presidencia arrogante y accidentada, de división y discurso de lucha de clases. Gustavo Petro obligaría a la creación de muchas trincheras políticas para defenderse de los ataques del Estado a todos aquellos que no sean afines a su manera de ver las cosas. Ni siquiera habría tolerancia en su gobierno para opinar libremente en las redes sociales. La personalidad de Gustavo Petro, podríamos decir,  es por necesidad antropogenica volcánica y explosiva. Nos metería en un conflicto social, económico y político de incierto y prolongado desenlace. Por eso no dudemos hoy en apoyar con nuestro voto la fórmula perfecta que nos une: Iván Duque y Martha Lucia Ramírez para que Colombia renazca.

El renacer de Colombia permitirá un esquema de gobierno con oposición en un ambiente seudoparlamentario, sin mermelada y sin lentejas es decir sin corrupción, en el que muchos dirigentes se agruparán para buscar el centro de la política colombiana y convertirse en alternativa real de poder. Esa franja se desmarca hoy, con el voto en blanco. 

@AlirioMoreno

Publicado: junio 17 de 2018