Uno entiende el desespero y la rabia de la Casa de Nariño con el excongresista Otto Bula luego de que se hiciera pública su declaración bajo juramento en la que habría asegurado que un millón de dólares de una de las tantas mordidas que pagó Odebretch en Colombia fue a parar a la campaña en 2014 del entonces candidato-presidente Juan Manuel Santos.

Lo que extraña, sin embargo, es lo burda que fue la aparente “patrasiada” o retractación de Bula y por eso ésta debe ser revisada y analizada por los fiscales que conocen el caso. Lo que sí está claro, en todo caso, es que no estamos frente a una exoneración. Ese es otro tema.

El martes en la tarde trascendió una carta atribuida a Bula en la que al parecer le asegura al politizado Consejo Nacional Electoral (CNE) que “no es cierto, ni me consta, ni he dicho que el dinero que le entregué al señor Andrés Giraldo fuera un aporte a la campaña Santos presidente o al señor Juan Manuel Santos”.

En pleno año 2017, cuando la tecnología nos atropella y todo trasciende y se sabe en fracción de segundos, resulta poco creíble que Bula –a título personal y sin presión de nadie– se haya tomado el trabajo de redactar o dictar un escrito para el CNE cuando bien pudo solicitar una audiencia en esa entidad a través de sus abogados.

Incluso, ¿no será que a Bula le interesa más aclarar el alcance de sus primeras declaraciones con el fiscal Néstor Humberto Martínez que con los integrantes del CNE?

El cuento es muy reforzado, amén de que no es descartable que Bula salga y diga que en efecto el papel con los garabatos que llegó al CNE es de su autoría –es simpático y llamativo que en la supuesta carta aparezca escrito “Oto” y no “Otto”, como debería ser. Tiene que estar muy asustado el paciente para equivocarse inclusive en el momento de escribir o dictar su propio nombre.

Claro que, a decir verdad y como dicen los muchachos de ahora, cualquiera estaría “paniquiado” con la idea de ser extraditado a Estados Unidos, como se ha amenazado a Bula en los últimos días.

Es curioso, pero antes de que estallara el escándalo de Odebretch, Bula no tenía ningún problema con las autoridades de Colombia y Estados Unidos pese a que, según ha dicho la prensa bogotana, nunca ha sido la persona más honrada y recomendable.

De hecho, esa mala fama de Bula ha sido aprovechada por los amigos del poder para atacarlo y, por ende, defender la honorabilidad, el señorío y la transparencia de nuestro Premio Nobel de Paz.

Otto Bula dice que dinero de Odebrecht no fue a campaña de Santos”, tituló de inmediato el principal diario del país. Y el segundo corrió a decir que “Otto Bula afirma que no dio plata para campaña Santos presidente”.

Muchos dirán que de pronto soy un poco lento –y hasta razón tendrán–, pero aún no he podido entender por qué para muchos enmermelados Bula era un bandido cuando habría revelado lo del millón de dólares para la campaña del señor presidente, pero un hombre equivocado que enmendó su error cuando aclaró que no le constaba que esa considerable suma de dinero hubiera terminado en las huestes del doctor Santos.

Tal vez lo que pasa es que cuando se trata de publicar el testimonio de un bandido que compromete a un uribista una parte de la prensa de la capital colombiana habla de una confesión, pero cuando es un señalamiento contra un santista esos mismos medios advierten que nada está probado, que las autoridades tienen que verificar la versión del testigo que, dicho sea de paso, es desprestigiado porque algunos periodistas salen en bandada a molerlo.

En fin, amanecerá y veremos. El país aún sigue creyendo en Néstor Humberto Martínez.

Esperemos que la Fiscalía haya dicho la verdad cuando, tras conocerse públicamente la supuesta carta de Bula al CNE, expidió un comunicado en el que indicó que “se encuentra investigando la veracidad de todas las declaraciones acopiadas, junto con el acervo probatorio existente y en proceso de recaudo, a nivel nacional e internacional” para “la aplicación estricta de la ley” y también para “condenar responsables y absolver inocentes, como corresponde en un Estado de Derecho”.

Entre esos y esas que van a ser declaradas responsables o inocentes de todo este escándalo de Odebrecht figuran las ex ministras santistas Gina Parody y Cecilia Álvarez.

Parody ha guardado un silencio profundo ante la opinión pública. Se sabe que respira porque muy de vez en cuando escribe algo en su cuenta de Twitter.

“El que nada debe nada teme. La verdad está de nuestro lado”, tuiteó la semana pasada. Muy cierto, señora exministra, pero no declararse impedida una y entregar una adición nunca vista dejan un mal tufo.

Las retractaciones cuando han sido de testigos del mal llamado “uribismo”,mal llamado porque no todo parapolítico condenado es o ha sido cercano al hoy senador antioqueño, se ponen en duda y se condeno a muchos con un solo testigo a pesar de haberse retractado diciendo que esa “reculada” era por coacción o dinero. Sorpresa causa los aplausos y apoyo dado a BULA por su contradicción.

Como dice la frase anónima popular: “a sordos y ciegos hacen testigos el dinero, ojalá no aparezca “oto” testigo diciendo que el dinero de Bula a Giraldo era una trampa de Uribe a la campaña de Santos. solo faltaría eso.

Líbranos señor de esos “otos” testigos.

@CancinoAbog

Publicado: febrero 17 de 2017