En 1992, el entonces candidato presidencial Bill Clinton, comprendió que, por encima de temas como la invasión de Irak, lo que más les preocupaba a los estadounidenses era la inminente recesión económica y el aumento de la tasa de desempleo. Es por eso que su estratega de campaña, James Carville, se ideó la frase “It’s the economy, stupid” (es la economía, estúpido) que se terminó convirtiendo en su exitoso slogan de campaña.

Llevamos casi ocho años del que considero puede ser el peor gobierno de la historia de Colombia, y sería difícil definir un solo slogan de campaña, porque, como el Titanic, todo hace agua. El endeudamiento (123 mil millones de dólares), impuestos sofocantes y ahuyentadores de inversión, el bajo consumo, la inseguridad jurídica, el orden público en el campo, la inseguridad en las ciudades, el microtráfico, la salud, la educación y nuestras relaciones con los Estados Unidos, nuestro aliado en la lucha contra las drogas, son problemas que nos aquejan a diario. Sin embargo, me atrevo a decir que cada uno de esos problemas de cierta manera se relacionan con las drogas. El problema de las drogas en Colombia no se circunscribe a un tema de orden público que únicamente afecta las zonas de cultivo o de producción de las mismas. Esto es porque el negocio de las drogas trae consigo violencia, problemas con los países receptores de la misma, distorsiona la economía, deteriora la fibra moral de la sociedad, corroe todos sus estamentos (como el fútbol y la política, etc.) y, por último, la peor consecuencia es que envenena a nuestra juventud.

Juan Manuel Santos, con el pretexto de un fallido acuerdo de paz, se hizo el de la vista gorda mientras que las Farc, el ELN, el EPL, los Pelusos y cuanto bandido pudiera existir nos pusieron a nadar en una piscina de coca. Todavía no hemos visto las verdaderas consecuencias de la excesiva producción porque es tanta la droga que hay, que por primera vez les da para inundar el mercado interno. Los padres de familia están desesperados, porque sus hijos son el blanco de los jíbaros, dedicados a fomentar entre la juventud las adicciones que más adelante los lucrarán.

La estrategia de Santos de creer que ignorando el problema éste desaparecería ha hecho mella en las relaciones con los Estados Unidos. El tono de nuestro aliado en la lucha contra las drogas se ha endurecido a razón de lo inocultable: a pesar de que seguimos recibiendo ayudas para luchar contra las drogas, parecería como si Santos se la estuviera gastando en abono para las plantas de coca.

El presidente Donald Trump le anunció visita a Santos y éste último parece como el adolescente al que lo dejan solo en la casa y después de armar parranda, destrozar los muebles, dejar embarazada a la novia, matar al perro, chocar el carro, sus padres le acaban de avisar que vienen de regreso. El Nobel de Paz debe sentirse bastante afanado, porque sabe bien que Trump es todo menos diplomático y cuidadoso con sus palabras y es muy capaz de decirle un par de cosas que lo dejaría muy mal parado frente a la comunidad internacional, que es la única por la que se molesta en causar una buena impresión.

Santos volvió a narcotizar la agenda bilateral con los Estados Unidos y el gran reto del próximo presidente de Colombia será desnarcotizarla. El slogan de campaña podría ser “It´s the drugs, stupid” (“Son las drogas, estúpido), porque, como lo expuse anteriormente, el problema del narcotráfico en Colombia es que, además de ser la gasolina generadora de violencia, también es la sal que todo lo corroe.

Ante este oscuro panorama nos encontramos con dos alternativas bien diferentes: la de los candidatos Petro, Fajardo, De la Calle, Córdoba y Vargas Lleras que avalaron y alabaron el acuerdo leonino con las Farc, y la de Iván Duque, único candidato que ha mostrado señales de entender la magnitud del problema. Durante estos últimos años, junto a Álvaro Uribe Vélez y toda la bancada del Centro Democrático, ha venido haciendo una inteligente y valiente oposición al acuerdo que premió a los más grandes narcotraficantes del mundo con impunidad y curules gratis en el Congreso. Durante su campaña presidencial se ha comprometido a acabar con la dosis personal, que trae violencia y descomposición social. Duque luchará contra las drogas y de esa manera podremos volver a concentrar nuestros esfuerzos en conseguir vivir en un mejor país.

@ANIABELLO_R

Publicado: marzo 23 de 2018