Inexplicablemente irrespetar a los miembros de la Fuerza Pública se ha convertido en un hobbie para algunos. Desde gritos injuriosos hasta agresiones físicas hacen parte del día a día de los soldados y policías de la Patria que poco o nada pueden hacer al respecto, dado que de proceder en defensa propia terminan vinculados a eternas investigaciones penales y disciplinarias por abuso de autoridad.

¿Está bien que esto sea así?

En lo personal, considero que no. No puede ser posible que se entienda como algo normal el irrespeto a la autoridad y, peor aún, que esta no pueda hacer algo al respecto.  

Por ejemplo, cada cierto tiempo las tropas que hacen presencia en lugares habitados por comunidades indígenas, especialmente en el Cauca, terminan siendo retenidas, despojadas de su equipamiento y completamente humilladas a los ojos de un País que observa impotente esa vergonzante situación.

Además, ya ni siquiera es noticia cuando a los policías los atacan con todo tipo de artefactos al ejercer sus funciones en las marchas, los desalojos o el más simple operativo en las ciudades. No solamente hay irrespeto, sino que los agentes del orden en la práctica tienen las manos atadas para responder a estas agresiones.

En efecto, aunque no deberían tener problemas para hacerlo, el marco legal que los cobija es tan restrictivo que cualquier acción de legitima defensa termina convertida en una investigación penal o disciplinaria que los ata por años e impide su ascenso al interior de la entidad.

Nada más por mencionar otro caso, muy seguramente el policía de Tocancipá que le disparó en la pierna a un venezolano que estaba agrediendo severamente al comandante del municipio se verá obligado a someterse a un desgastante proceso que lo perseguirá por meses, aunque la acción que desplegó haya sido necesaria y proporcional para contrarrestar el ataque.

Por eso, la mayoría de ellos se ven obligados a tragarse el sapo de la agresión y permanecer inertes ante el irrespeto, aunque durante 20 o 30 años le hayan dedicado su vida a una sociedad que muchas veces no los valora como debería ser.

Indiscutiblemente, es hora de cambiar esta situación. El irrespeto a la autoridad debería ser sancionado ejemplarmente y los miembros de la Fuerza Pública han de tener la posibilidad de responder con eficacia a las agresiones, así estas provengan de civiles. Las personas tienen derecho a manifestar su inconformidad con el sistema, pero eso no justifica que se pueda pasar por encima de la Policía o el Ejército sin consecuencias.

Y no digo esto para justificar la imposición de un estado autoritario o dictatorial donde no se puede cuestionar a la autoridad, por supuesto que no, pero sí para establecer un equilibrio real en una relación que hoy en día está absolutamente desbalanceada y que mancilla ilegítimamente el honor de los soldados y policías de la Patria.

@Tatacabello

Publicado: julio 3 de 2020