Es evidente el interés de tender un manto de duda sobre la legitimidad, honestidad y transparencia de nuestras Fuerzas Militares por parte de los sectores más radicales de la izquierda colombiana. 

Desde siempre, la Fuerza Pública ha sido el objetivo de aquellos que acuden al terrorismo para desestabilizar a nuestra democracia. El caso de los denominados “falsos positivos”, cayó como anillo al dedo de quienes tienen como meta el desmantelamiento moral -y después físico- del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. 

Desde comienzos de la semana pasada, la izquierda venía anunciando que saldría un artículo demoledor contra el Ejército Nacional, el cual iba a poner en evidencia ciertos abusos contra los derechos humanos. Las Farc, el Polo Democrático, los Verdes y algunos liberales se frotaron las manos. Decidieron posponer un debate de moción de censura contra el ministro de Defensa, Guillermo Botero. Prefirieron esperar a que se produjera la publicación en el New York Times para que aquella sirviera de daga letal con la que buscan cortar de un tajo la cabeza de Botero.

Durante 5 o 6 días, la montaña lanzó grandes alaridos. Al final, parió un escuálido ratoncito. 

El periodista Nicholas Casey, encargado del desaguisado, quiso lanzar un misil al corazón de las Fuerzas Militares. Falló irremediablemente. 

Las dos promotoras de esa moción son la inefable Juanita Goebertus -mujer que trabajó y se formó profesionalmente en el ministerio de Defensa, entidad que ahora quiere destruir- y una congresista llamada Katherine Miranda, quien ha reconocido que pudo estudiar el bachillerato por ser hija de un miembro de la Fuerza Pública. Poco envidiable el miserable nivel de gratitud de ese par de parlamentarias que planean destruir al ministro Botero. 

El extenso artículo, sustentado en tres supuestas fuentes -todas anónimas- no aporta una sola prueba que permita siquiera sospechar que desde el comando general del Ejército se hayan impartido órdenes que estimulen acciones ilegales contra civiles. 

En todas las organizaciones, las personas son medidas por sus resultados. Y en un país como Colombia, con alarmantes niveles de inseguridad, la Fuerza Pública tiene el deber de exigir a todos sus miembros que cumplan a rajatabla con su deber. Contener el crimen, garantizar la seguridad en todos los rincones de la geografía nacional, enfrentar a las estructuras terroristas y luchar contra el narcotráfico, son las misiones fundamentales de nuestro Ejército, en cabeza de un oficial intachable como en efecto es el general Nicacio Martínez Espinel. 

En el gobierno de Santos, el general Martínez se desempeñó como inspector general del Ejército, cargo fundamental, precisamente porque es la persona encargada de velar por el respeto irrestricto a los derechos humanos. Llama mucho la atención que no haya una sola queja contra ese oficial, mientras fungió como inspector y ahora, en el gobierno de Duque se pretenda cuestionarlo, sin pruebas. 

El periodista Casey afirma en su artículo -temerario por demás- que “a los soldados que aumentan sus muertes en combate se les ofrecen incentivos como vacaciones extra, un patrón que es notablemente similar al de los asesinatos ilegales ocurridos a mediados de la década de los 2000”.

Llama poderosamente la atención que el autor del bodrio publicado en el New York Times no haya incluido las respuestas que sustentada y profundamente le proveyó el general Martínez, cuestionario que el oficial hizo público en sus redes sociales y cuyas respuestas dan fe de la transparencia y honorabilidad del comandante del Ejército Nacional. 

El rigor y la profundidad no son características del trabajo profesional del periodista Casey, quien hace algunos años estuvo en Venezuela cuando se produjo la victoria de la oposición antichavista en las elecciones de la Asamblea Nacional. En sus artículos de la época, abundaban los cometarios triviales con los que se banalizaba alevosamente la situación política real de Venezuela, precisamente en momentos en que la dictadura de Maduro arreciaba la persecución criminal contra los defensores de la libertad democrática. 

Los argumentos Ad-Hominen descalifican una razón o expresión por el hecho de emanar de determinada persona. Pero los antecedentes de Casey generan demasiadas sospechas, las cuales toman aún más fuerza en virtud de la insoportable falta de rigor con que escribió el artículo. Y en este caso en particular, lo afirmado por el periodista merece ser recibido bajo beneficio de inventario, como consecuencia de sus fúlgidos devaneos socialistas. 

Preocupa que los sectores políticos de la izquierda colombiana supieran de su existencia, conocieran los pormenores del mismo y se hayan encargado de cacarear en todos los medios de comunicación del país que durante el fin de semana sería publicado un artículo “letal” en el New York Times.

Entonces, cabe la reflexión: ¿Casey ejerció como periodista, o como agente de propaganda de la oposición enemiga de las Fuerzas Militares? 

Lo cierto es que el gobierno no se dejó amilanar. El presidente Iván Duque, con toda la contundencia del caso, se refirió al asunto ratificando que en su gobierno no se estimulan abusos por parte de la Fuerza Pública, a la vez que exaltó la honorabilidad del comandante del Ejército y de todos los uniformados de nuestro país. 

Desde Pasto, el mandatario dijo que “Dondequiera que haya una deshonra al uniforme, ahí estaremos con la Fiscalía para que se apliquen las sanciones. Pero no podemos generalizar sobre acusaciones como si la Fuerza Pública fuera una fuerza criminal, cuando son héroes que dan todo por nuestra ciudadanía”.

No son pocas las voces que se han alzado en contra del New York Times por haber permitido que en sus páginas se haya hecho una publicación infamante, sin prueba documental ninguna y que se basa en inferencias amañadas, calenturientas y evidentemente canallas. El gobierno no se quedará cruzado de brazos: los ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa, Carlos Holmes Trujillo y Guillermo Botero, remitirán una dura carta al editor de ese periódico, expresando su malestar por la falta de rigor y exactitud en el cuestionable artículo del señor Casey.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 20 de 2019