La  austeridad es la característica principal del presidente Iván Duque y de su familia. Durante los primeros meses del gobierno, el mandatario tomó la decisión de continuar viviendo en su apartamento particular. Motivos de seguridad nacional, obligaron a que el primer mandatario y los suyos, se mudaran a la Casa de Nariño.

María Juliana Ruiz es una mujer discreta, que no se ha dejado deslumbrar por el poder con el que está investido su esposo, el presidente de la República Iván Duque Márquez. 

La han señalado infamemente de utilizar el avión presidencial para asuntos menores y para realizar viajes fastuosos, algo totalmente quimérico. Hace una semana -y con el propósito de cumplir una apretada agenda de trabajo-, se vio obligada a desplazarse dos veces el mismo día a la ciudad de Cartagena. De forma canalla, un senador de la izquierda, aseveró mentirosamente que había realizado un trayecto entre Cartagena y Bogotá para mudarse de ropa.

La agenda de la Primera Dama, que es pública, explica las razones de sus viajes dentro y fuera del país.

Todos los desplazamientos que ella ha hecho al exterior, se han efectuado en vuelos comerciales y nunca en aviones oficiales. Atrás quedó la nefanda costumbre de utilizar los aviones adscritos a la presidencia de la República para que la Primera Dama -como sucedió durante el gobierno de Santos- viajara por el mundo entero para hacer compras. 

Era común ver a la señora Clemencia Rodríguez paseando por los mejores centros comerciales de Miami, en compañía de la entonces cónsul Martha Jaramillo, quien obedientemente cargaba las pesadas bolsas con las adquisiciones de “Tutina”. 

En momentos en los que los terroristas amenazan al país con arreciar sus acciones violentas y la banda criminal ELN anuncia un inaudito paro armado, es evidente que deba reforzarse al máximo la seguridad del presidente de la República y de su núcleo familiar. 

No pueden confundirse los papeles y eso significa que el país no puede ahorrar esfuerzos ni medios para garantizar la vida e integridad del presidente de la República y los suyos. Eso no significa, ni mucho menos, que la familia presidencial tenga licencia para disponer de los bienes públicos como si fueran de pertenencia y posesión suya. Santos, por ejemplo, llegó al extremo de utilizar la hacienda Hato Grande para hacer el matrimonio de su hija. La adecuación y los gastos de la ceremonia, no fueron pagados por él, sino que terminaron cargándose a las cuentas de la presidencia de la República. 

Respecto al uso del avión presidencial. No es reprochable que los pequeños hijos del presidente hayan ido a encontrarse con su padre a la ciudad de Armenia, en compañía de un par de amiguitos. Reprochable sí es que los aviones de la presidencia se destinaran para transportar terroristas y violadores de niños por el mundo entero, tal y como sucedió en el gobierno anterior, o para que los intrépidos hijos de Santos se fueran de juerga a Anapoima. 

Colombia tiene suficientes problemas y desafíos, como para que ahora se pretenda desviar la atención de los asuntos fundamentales a través de imputaciones canallas contra la primera dama, una mujer de proceder delicado y respetuoso. A Iván Duque se le pueden hacer muchas críticas, pero en ningún caso puede señalársele de abusar indebidamente de los bienes públicos. Tan grande es su obsesión por la austeridad, que cuando debe dormir por fuera de Bogotá, procura instalarse en guarniciones militares donde el Estado no debe asumir ningún gasto. 

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 12 de 2020