En mayo de 2013, cuando apenas comenzaba el proceso de paz de La Habana, las Farc pusieron sobre la mesa uno de sus puntos “inamovibles”: la libertad de Ricardo Palmera, alias “Simón Trinidad”, quien purga una sentencia de 60 años de cárcel en una prisión federal en el Estado de Colorado.

En aquel entonces, la comisión negociadora de la guerrilla emitió una declaración en la que convocaban “a la solidaridad internacional con ‘Simón Trinidad’, pidiéndole a las organizaciones sociales y de derechos humanos en el mundo, conformar comités que nos ayuden en esta justa batalla política por su libertad y su necesaria participación en la mesa de diálogo”. En esa misma declaración, el cabecilla guerrillero “Iván Márquez” culpó al expresidente Álvaro Uribe de ser el culpable de la suerte de su compañero condenado por la justicia norteamericana: “fue el propio expresidente Uribe quien intrigó y convenció a las autoridades estadounidenses para que reclamaran en extradición a Simón Trinidad y ordenó a la justicia colombiana y a la inteligencia militar que fabricaran pruebas contra él”.

La extradición de Trinidad:

En junio de 2004, 6 meses después de su captura en territorio ecuatoriano, la corte federal del Distrito de Columbia, presentó ante las autoridades judiciales de Colombia una solicitud de extradición contra el jefe guerrillero, quien se encontraba privado de la libertad en la cárcel de máxima seguridad de Cómbita.

El indictment que emitió la Corte, sustentó el pedido de extradición sobre dos crímenes cometidos por Palmera: conspiración para introducir a los Estados Unidos 5 o más kilogramos de cocaína y el secuestro de los ciudadanos norteamericanos Thomas Howes, Keith Stansell y Marc Gonsalves.

Keith Stansell, Marc Gonsalves y Thomas Howes, los 3 contratistas norteamericanos

secuestrados por las Farc

Luego de que la Corte Suprema de Justicia colombiana autorizara la extradición, el presidente Uribe ordenó la materialización de la misma el 31 de diciembre de 2004, propinándole con ello uno de los golpes más duros que recibió la guerrilla de las Farc durante el gobierno de la Seguridad Democrática.
El juicio en los Estados Unidos

Procesado por cargos de narcotráfico y secuestro, Trinidad ejerció una defensa en la que en vez de responder por lo que estaba siendo juzgado, aprovechó el espacio ante el tribunal para reivindicar los principios de la lucha guerrillera.

Errores técnicos en el proceso de acusación por parte de la fiscalía, hicieron que el cargo de narcotráfico no prosperara, razón por la que el juicio se concentró en su responsabilidad, como miembro del denominado “Estado Mayor de las Farc”, por el secuestro de los tres contratistas estadounidenses de la empresa Northrop Grumman que cayeron en poder de la guerrilla a mediados de febrero de 2003, luego de que la avioneta en la que viajaban fuera derribada en la región selvática del departamento del Caquetá.

Al momento de leer la sentencia, el juez Royce Lamberth, reconocido por su implacabilidad, no dudó en decir que el delito cometido por Trinidad fue “un acto barbárico, deleznable de terrorismo que ninguna sociedad que se crea civilizada puede tolerar”. Acto seguido le impuso una sentencia de 60 años de cárcel.

Punto de honor para la Farc

Lograr la libertad de Simón Trinidad se ha convertido en un punto de honor para la guerrilla de las Farc a lo largo del proceso de paz. Utilizan su imagen en diferentes apariciones públicas y han demandado del gobierno solidaridad en su cometido.

El semanario comunista Voz, que de alguna manera sirve de medio de difusión de las Farc, ha publicado en múltiples ocasiones notas en las que deja claro que la guerrilla no firmará ningún acuerdo final de paz si en éste no se incluye la libertad inmediata y sin condiciones de Trinidad.

Y si para la guerrilla la libertad de su compañero es fundamental, parece que para el Gobierno también lo es. En mayo del año pasado, el alto comisionado para la paz, Sergio Jaramillo en una entrevista concedida a la cadena británica BBC reconoció que Trinidad debe hacer parte de un acuerdo.

Hace algunas semanas, con ocasión de la reunión que la cúpula de las Farc sostuvo con el Secretario de Estado, John Kerry en la ciudad de La Habana, tres asuntos fueron neurálgicos durante la charla: las solicitudes de extradición que pesan sobre la totalidad de los miembros del denominado “secretariado”, la permanencia de las Farc en la lista de organizaciones terroristas y la posibilidad de que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, haga uso de su facultad de conceder perdón a personas sentenciadas y libere a Simón Trinidad.

A pesar de estar cumpliendo una condena de 60 años en una cárcel federal en Colorado, las Farc han insistido en la liberación de “Trinidad

El perdón presidencial

La sección segunda del artículo 2 de la Constitución de los Estados Unidos dice que el presidente de los Estados Unidos “estará facultado para suspender la ejecución de las sentencias y para conceder indultos por delitos contra los Estados unidos, excepto en los casos de acusación por responsabilidades oficiales”.
La facultad presidencial del perdón fue incorporada por los autores de la Constitución, inspirados en la denominada “prerrogativa real inglesa” que le concede al monarca británico poder absoluto de conceder perdones.

La Corte Suprema de los Estados Unidos, guardiana de la Constitución, le ha dado desarrollo jurisprudencial a la prerrogativa del perdón presidencial, explicándolo al decir que “en nuestros días no solo es un acto de gracia, sino que es un elemento fundamental de nuestro esquema constitucional”.

En la costumbre norteamericana, algunos presidentes se han valido de la capacidad de conceder perdón para mitigar crisis políticas, como cuando el presidente Gerald Ford perdonó a su antecesor Richard Nixon, para evitar que fuera sometido a un juicio en el Congreso de los Estados Unidos por cuenta del Watergate.

Ahora bien, la pregunta es: ¿Barack Obama firmará una orden ejecutiva concediéndole perdón a Simón Trinidad? Algunos expertos dicen que no se atrevería por la gravedad del delito por el que fue condenado el jefe guerrillero. Pero nuevamente hay que referirse a la constitución de los Estados Unidos, que le impone una sola limitación al poder de perdón: otorgarlo a personas que hayan cometido crímenes mientras desempeñaban funciones oficiales. Y ese no es el caso de Trinidad.

Hace pocos días, al preguntársele sobre el particular, el Embajador de los Estados Unidos en Bogotá, Kevin Whitaker, declaró que “desde el punto de vista de los Estados Unidos, Trinidad no parte del proceso de paz. No es un preso político. Fue una corte criminal la que lo condenó y está cumpliendo su sentencia”.

Las palabras del embajador, en estricto sentido son ciertas. Pero también es cierto que el Presidente de los Estados Unidos puede, en cualquier momento, perdonarlo. Y ha sido una costumbre inveterada de los gobernantes norteamericanos la de conceder muchos perdones días antes de abandonar la Casa Blanca. Durante los 5 años que lleva Obama en el poder, ha dado 61 perdones presidenciales (ver recuadro)

Los perdones presidenciales

Obama está a 8 meses de culminar su periodo presidencial que estuvo cargado de decisiones impensables hace pocos años, como el descongelamiento de las relaciones con Cuba e Irán. Y si pudo hacer movimientos tan drásticos en temas realmente sensibles para la política exterior norteamericana, firmar un papel ordenando la libertad de un jefe guerrillero colombiano no sería mayor problema para él. Sólo el tiempo dirá si Trinidad terminar sus días en una solitaria cárcel de Colorado, o en Colombia gozando de la libertad gracias a una decisión ejecutiva de Barak Obama.
@IrreverentesCol

Publicado: mayo 9 de 2016