Indignación y rechazo ha generado la posición adoptada por la Secretaría de Gobierno de Bogotá respecto de la demanda administrativa que la familia de Rosa Elvira Cely impetró contra esa entidad distrital, al considerar que hubo negligencia en la atención del caso de la mujer brutalmente asesinada.

La respuesta que la secretaria de gobierno dio a la demanda es francamente indignante. Como se lee en el expediente, los abogados del distrito consideran que “se puede observar que de todos en el establecimiento educativo era de conocimiento la clase de personas (sic) que eran tanto Javier Velasco como el otro compañero  con los cuales salió la noche del 23 de mayo de 2012 Rosa Elvira Cely, todos sabían que tenían comportamientos raros y los tildaban de malosos…No obstante lo anterior, Rosa Elvira Cely salió a departir con ellos, se tomaron unos tragos (así se registra en la historia clínica cuando se afirma que ingresa con aliento alcohólico), van a departir a un bar, se traslada en la moto con Javier Velasco al sitio donde ocurrieron los hechos, sitio que todos sabemos es desolado e intransitado en las noches”.

El argumento mezquino de la secretaría de gobierno podría resumirse de la siguiente manera: como todos sabían que los amigos de la señora Cely eran malos, ella es culpable por haber salido con ellos, ergo la responsabilidad de lo ocurrido recae en la víctima. Ese razonamiento inaceptable, en el fondo está eximiendo de culpa a Javier Velasco, condenado a 48 años de cárcel por este crimen.

Contrario a la absurda creencia de los abogados de la secretaría de gobierno, además de Velasco, en el asesinato de Cely la culpa debe ser compartida con la Fiscalía General de la Nación que en el año 2002, cuando Velasco estaba siendo procesado por el asesinato de otra mujer a quien atacó con un machete, el órgano acusador, a través de medicina legal consideró que él era un inestable psicológico, con dificultades para el relacionamiento con otras personas y que, en vez de ser confinado en una cárcel, debía enviársele a tratamiento psiquiátrico intramural.

En este punto, cabe la pregunta de si aquella valoración médica habrá sido elaborada y firmada por el falso psiquiatra que durante 9 años laboró en la Fiscalía General de la Nación y era el encargado de elaborar los conceptos como el que benefició a Javier Velasco.

La posición de la secretaría de gobierno de Bogotá es una clara revictimización de la familia de Rosa Elvira Cely

 

Que Velasco es un enfermo mental, eso no lo duda absolutamente nadie, pero aquello no lo exime de su responsabilidad penal.

Rosa Elvira Cely no es el único crimen que pudo evitar la Fiscalía. Hace un par de años en el parqueadero del reconocido restaurante “Andrés Carne de Res”, una jovencita fue atacada sexualmente. Ella presentó la respectiva denuncia y la fiscalía adelantó la investigación. Al cabo del tiempo, el propio vicefiscal Jorge Fernando Perdomo sorprendió al país al decir que en aquel caso “hubo atipicidad objetiva y no se logró determinar ni siquiera la existencia de una relación sexual y mucho menos que eso hubiese sido de forma no consentida”. Con aquel concepto, Perdomo delató su absoluta ignorancia respecto de los criterios profesionales médicos que se tienen en cuenta a la hora de diagnosticar una agresión sexual porque, en criterio de expertos, no siempre los contactos de ese tipo dejan huellas físicas en el cuerpo. ¿Cuántas mujeres serán violadas por el agresor que el vicefiscal Perdomo prefirió dejar en libertad por cuenta de su falta de rigor investigativo?

Volviendo al caso de la insólita respuesta de la secretaría de gobierno de Bogotá, no es suficiente con la renuncia de las asesoras jurídicas de aquella dependencia. Salidas en falso como esta, que hieren profundamente a los familiares de la víctima y despierta la indignación generalizada en los ciudadanos, son consecuencia de la inexperiencia del joven Miguel Uribe Turbay, secretario de Gobierno de la capital.

Se equivocó de manera grave el alcalde Peñalosa con el nombramiento del muchacho Uribe en un cargo que debe estar ocupado con alguien experto, hábil, disciplinado y que tenga el control sobre todos los asuntos de la entidad. Por eso, el burgomaestre capitalino debería pedir la renuncia inmediata de su secretario de gobierno.

@IrreverentesCol