Produce estupor y frustración que una persona inocente y comprobadamente perseguida por el sector más corrupto de la corte suprema de justicia, como es el exministro uribista de protección social, Diego Palacio Betancourt, siga privado de la libertad, a pesar de que existen abundantes e incontrovertibles pruebas de que él fue condenado de manera ilegal por quienes fungían como magistrados, pero en la práctica no eran más que unos vulgares operadores políticos de la oposición al gobierno de la seguridad democrática.

Uno de los mayores motivos de vergüenza para la justicia colombiana son aquellos audios en los que aparece registrada la voz de magistrados corruptos de la sala penal de la corte suprema de justicia, cuadrando de manera ilegal el fallo contra Diego Palacio, alegando que por “conveniencia política” el exministro debía ser condenado. Ni un instante le dedicaron los prevaricadores que integraban la corte a valorar el material probatorio. Su misión era la de acabar a quien fuera uno de los funcionarios más importantes del gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez

Al final, sin que existiera evidencia alguna, Diego Palacio fue sentenciado a seis años y medio de prisión. Sus verdugos ordenaron que fuera sometido a un encierro ignominioso, causándole uno de los peores daños que pueda hacérsele a un ser humano.

Desde el mismo instante en que fue condenado, Palacio se ha dado a la tarea de demostrar la monstruosidad que se hizo en contra suya por parte de los delincuentes que lo sentenciaron, liderados por el corrupto Leonidas Bustos, conocido de autos por vender fallos en su condición de líder indiscutible de la denominada Bacrim judicial.

Durante los primeros días de este año, el exministro fue revictimizado por cuenta de una incomprensible decisión en virtud de la cual se le negó la libertad que nunca debió haberle sido arrebatada. En efecto, la misma corte suprema que lo condenó, decidió negar un recurso interpuesto por su defensa con el que buscaba suspender la ejecución de la pena que le fue impuesta.

Es evidente que la mafia incrustada en la justicia continúa empeñada en perseguir injusta y descomedidamente al uribismo. Prueba de ello es el empecinamiento con el que se ha perseguido y se continúa persiguiendo a Diego Palacio Betancourt.

@IrreverentesCol

Publicado: enero 9de 2018