Iván Duque es el presidente de todos los colombianos. Desde su ascenso al poder, fiel a su talante y temperamento reposado, sin arriar sus banderas ideológicas, se ha dado a la tarea de despolarizar a la fragmentada Colombia que entregó Juan Manuel Santos.

El debate político reconoce diferencias, pero hay elementos comunes que deben ubicarse sobre las agendas ideológicas, sobre todo cuando se pone en riesgo la estabilidad republicana. 

El petrismo, una corriente movida por el odio y el resentimiento, parece no tener límite alguno en el ejercicio de su oposición. 

En Francia, seguidores de Gustavo Petro llegaron al extremo inaudito de insultar al presidente Iván Duque en un foro, acusándolo de haber ordenado el asesinato de estudiantes en Colombia, una imputación falsa con la que se desnuda el talante ruin y mentiroso de quienes hacen parte de un movimiento que se denomina así mismo “Colombia humana”.

Acusar de asesino al Presidente de la República, en un evento que tuvo lugar en el exterior, además de ser irresponsable, resulta altamente nocivo para la propia oposición colombiana, que pierde toda su credibilidad. 

En Francia, además de la bajeza de sus seguidores, ha quedado perfectamente comprobado que el petrismo es un movimiento panfletario, mentiroso y enemigo irreconciliable de la vida en democracia. 

Las escenas registradas en París, protagonizadas por unos iracundos y agresivos opositores del gobierno, fieles militantes de la corriente de Gustavo Petro, son el resultado de la política de odio que promueve quien perdió las elecciones presidenciales y que ha preferido llevar a Colombia hacia el abismo antes de reconocer que las mayorías votaron por un candidato con el talante y la integridad de Iván Duque. 

Tildar al presidente de la República de asesino, es un dislate y una ofensa a todo un país. Si algo se le ha visto al gobierno es, precisamente, el respeto por las voces críticas. Se ha garantizado el derecho de los estudiantes a protestar, sin que ello signifique el Ejecutivo y la Fuerza Pública tengan que cruzar sus brazos ante las acciones de terrorismo que han adelantado algunos de los manifestantes. 

En las manifestaciones, en las que miembros de la Policía han sido atacados violentamente, no se ha presentado un solo caso de violencia contra los estudiantes. Los agentes del orden tienen la obligación constitucional de proteger a todos los ciudadanos, sobre todo a aquellos que son víctimas de las bombas Molotov y las pedradas que lanzan los antisociales que, encapuchados, han aprovechado las jornadas de protesta para adelantar acciones terroristas. 

Urge entonces que se emprendan las acciones judiciales contra los que intentan quemar las ciudades de Colombia, contra el dirigente político que instiga esas acciones –Gustavo Petro Urrego- y proteger a los ciudadanos de bien que padecen las acciones violentas. Y aquello, ni mucho menos, puede ser utilizado en contra del presidente Duque, un hombre respetuoso de la ley y que jamás en su vida, contrario a lo que mentirosamente aseveran los militantes del petrismo en Europa, ha ordenado atentar contra los universitarios de nuestro país. 

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 14 de 2018