Era octubre de 2003,  cierre de campaña a la gobernación de Hugo Aguilar. La cabeza de la caravana llegaba al parque García Rovira y la cola aún estaba en la carrera 27; se confundían los ciudadanos que llegaron en buses desde las provincias, con la gente que se desplazó del  norte de Bucaramanga y de municipios vecinos. Era viernes en la tarde, con la tarima puesta frente a la Gobernación y de espaldas a la iglesia de San Laureano, se llenó el espacio y con el temor que pronto oscurecería se dio inicio a los discursos. Habló Don Raúl Pacheco Blanco, quien recalcó sobre la importancia de recuperar la gobernabilidad y la seriedad para gobernar al departamento, parecía hacerlo a nombre una élite social y económica que quería el cambio de conducción política. Enseguida lo hizo Antonio Navarro Wolf para exponer la necesidad de tener una administración departamental con “cero corrupción”. En la tarima también estaban el Senador Luis Alberto Gil y los representantes José Manuel Herrera Cely y Bernabé Celis Carrillo, los ex congresistas Jorge Gómez Celis, Oscar Reyes Cárdenas y Juana Yolanda Bazán Achuri. Junto a ellos estábamos nueve diputados de la Asamblea de Santander, ocho que integrábamos la coalición minoritaria de oposición al gobierno, más Ignacio Arturo Vega Gutiérrez que había decidido acompañar el proyecto. Ese equipo ganó la gobernación de Santander, en octubre de 2003. 

Con un eslogan de campaña poco rebuscado, tal vez improvisado, como segura respuesta a la misma improvisación de la administración de turno, se avanzó en la conquista del poder regional. El candidato Hugo Aguilar, con escaso conocimiento de la administración pública ganada en su paso por la duma departamental, lograba en espacios cerrados plantear un programa basado en la crítica por la falta de transparencia del gobierno, la pérdida de un caudal de estampillas y el fallido contrato de coomunicipios.  Ante las frecuentes salidas en falso del gobernador Jorge Gómez Villamizar, quien a los problemas de Santander daba respuestas como aquella de “prefiero suicidarme con un banano”, apareció el eslogan de campaña: “Santander en Serio”. En las primeras piezas de publicidad apareció el candidato en camisa amarilla, con una tímida mirada sobre el cañón del Chicamocha. Con la misma improvisación le recomendamos que la publicidad mostrara un candidato serio, que enviara el mensaje de la majestuosidad de la gobernación y por lo tanto tenía que aparecer en vestido y corbata, con mirada segura. Así salió el afiche definitivo. 

Tuvimos como adversario a Hugo Serrano Gómez (q.e.p.d.). Un hombre que mereció el respeto, pero en la pelea política exhibía lo visceral de la actividad.  Con todo lo que pasó y que forma parte de la historia, Hugo Aguilar, contó con un círculo del cual forme parte, que como coraza lo protegió políticamente. Hizo un gobierno que tuvo un esquema legítimo de oposición que controló todos los actos.  En una puja interna, dentro del partido de gobierno Convergencia Ciudadana, logró imponer su candidato a sucesor Didier Tavera. Al  joven candidato el liberalismo decidido a derrotarlo, se vio obligado a entregar la candidatura a Horacio Serpa, quien sin una gran diferencia, ganó las elecciones en 2007. 

Después de eso, vino un proceso judicial que condujo a la cárcel a buena parte de la clase política de las regiones y entre ellas Santander. La parapolítica registro los nombres de Luis Alberto Gil, Hugo Aguilar, Alfonso Riaño, Oscar Reyes, Rafael Castillo, Nelson Naranjo, Alexander Ariza y José Manuel Herrera, este último absuelto por la Corte Suprema de Justicia. Un escrito anónimo, confeccionado con todos los detalles presuntamente al interior del mismo partido Convergencia Ciudadana, sirvió de indicio para la apertura de lo que terminó en una cadena de condenas que sacó del escenario electoral a todas estas personas.  

Vinieron las elecciones de 2011 y Convergencia Ciudadana transformada en Partido de Integración Nacional PIN, soportó la candidatura inscrita por firmas de Richard Aguilar Villa. El candidato aportó la juventud y el ranking ganado por su padre Hugo Aguilar quien desde el pabellón R-Sur de la Picota, junto a todos los detenidos de Convergencia Ciudadana, más el ex congresista Alirio Villamizar, enfilaban y agitaban sus huestes para respaldar a Aguilar Villa, quien le ganó la gobernación al candidato de Horacio Serpa, Luis Fernando Cote Peña. 

Para lastima de muchos, Richard Aguilar Villa, se creyó el cuento que había ganado por el voto de opinión y se dedicó a hacer un gobierno alejado del partido político que le soportó su candidatura y tan lejano a su padre, a tal punto que fracturó la estructura y terminó derrotando a su propio padre y consumiéndose él mismo, en su propia derrota. 

Ahora que el Coronel Hugo Aguilar era conducido por los agentes del CTI para cumplir la orden de captura emitida por la Fiscalía, posiblemente entendía que estaba pagando el precio de los errores de su hijo, el exgobernador Richard Aguilar, quien en octubre de 2015 era calificado como traidor de una causa. Tal vez el error de todos, estuvo en no enterar al mocetón de cómo fue y desde donde, se estructuró todo el proceso. Suerte al Coronel Hugo Aguilar en ese nuevo episodio judicial del que ojalá salga airoso y ojalá que su hijo, quien será elegido Senador de la República, repase la historia de Santander que muy bien documentada se encuentra.

@AlirioMoreno

Publicado: febrero 27 de 2018