El homenaje de las Farc al Mono Jojoy, es un puñetazo a la cara de las víctimas de ese terrorista.

El programa de recompensas del departamento de Estado elaboró un perfil de Víctor Julio Suárez Rojas, alias Jorge Briceño Suárez o Mono Jojoy. Allí se recuerda que ese terrorista fue miembro del secretariado de las Farc y “jefe de operaciones militares que sirvió como comandante del bloque oriental. Él fijó las políticas relacionadas con la cocaína en el seno de las Farc, particularmente en el control de la producción, manufactura y distribución de cientos de toneladas de cocaína en los Estados Unidos”.

En el mismo sentido, para el departamento de Estado, Jojoy fue responsable “del asesinato de cientos de personas que interfirieron en el tráfico de cocaína de las Farc. Él es el autor de una directiva escrita ordenándole a los miembros de las Farc ejecutar campesinos que se resistan a venderle hojas de coca o pasta de cocaína”.

Hasta que fue dado de baja en septiembre de 2010, las autoridades estadounidenses ofrecían por alias Jojoy una recompensa de $5 millones de dólares, similar a la que se fijó por el capo mexicano Joaquín El Chapo Guzmán, o el terrorista egipcio Abdullah Ahmed Adbullah.

Era un criminal nato. Un hombre que sólo comprendía la dialéctica del plomo y la dinamita.

Dese su ingreso a las Farc a mediados de la década de los 70 del siglo pasado, forjó fama de “guerrero” por su sangre fría a la hora de ejecutar acciones armadas, sobre todo contra la población civil desarmada, o para emboscar miembros de la Fuerza Pública mientras éstos dormían.

En efecto, su primer “acto heroico”, consistió en atacar por la espalda a una patrulla del ejército, adscrita al batallón Cazadores, asesinando a 27 muchachos, muchos de ellos campesinos que prestaban servicio como soldados regulares.

En la década de los 90 del siglo pasado, las carreteras colombianas se volvieron prácticamente intransitables por cuenta de un macabro plan ideado y puesto en marcha por alias Jojoy: las pescas milagrosas. Así, cualquier ciudadano que fuera de vacaciones con su familia, podría terminar secuestrado por la guerrilla. La vía que une a los llanos orientales con Bogotá, fue la más afectada por esa práctica criminal.

Sería irrespetuoso con sus víctimas pretender clasificar el sadismo de sus crímenes. Pero el país aún no olvida la escena de la familia Turbay Cote, amarrada y fusilada en una carretera en El Doncello, Caquetá, a finales del año 2000, en pleno proceso de paz con el gobierno de Andrés Pastrana.

Álvaro Uribe fue una de sus víctimas. En abril de 2002, siendo candidato presidencial, Uribe visitó la ciudad de Barranquilla. Cuando se desplazaba por el sector conocido como Caño de la Ahuyama a bordo de un campero, explotó una bomba que destrozó el vehículo y cobró la vida de 4 transeúntes, tres de ellos humildes pescadores que trabajaban en el sector.

Aquel atentado fue planificado y ordenado por Jojoy.

Uno de los primeros actos que ha hecho la banda terrorista de las Farc, ahora que posa como partido político, es el de rendirle un homenaje a aquel sanguinario, responsable del secuestro de miles de colombianos, muchos de ellos confinados en la selva en verdaderos campos de concentración.

A las Farc poco les importa el dolor que ese bandido le causó a la sociedad colombiana. Para ellos, Jojoy es un “héroe” cuya memoria debe ser exaltada, cuando deberían reservar ese tipo de actos para reparar y ofrecer excusas a las miles de víctimas que en más de 30 años de actividades ilegales, dejó el Mono Jojoy en todo nuestro país.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 26 de 2017