Empiezo contándoles una historia del año 2000 de dos viejos ganaderos de Sincé (Sucre). Eran cuñados y más que estos vínculos se querían como hermanos. Solo discutían cuando entre ellos negociaban ganado. Uno de ellos sintió una palpitación en el pecho y sus hijos lo llevaron a Medellín –costumbre de la época- Después de los chequeos el Cirujano Cardiovascular le comento que debía hacerle una cirugía de corazón abierto, bypass. Este ganadero, ilíquido como todos, le respondió que no tenía la plática. “Espéreme unas semanas, regreso a mi tierra y vendo unos terneros”.

Ya en su tierra en ese proceso de selección de los animales fue secuestrado. Los bandidos que se lo llevaron lo pasearon por todo el país. En contra de su voluntad los hijos pagaron la devolución y los terneros de su cirugía lo cambiaron por la entrega. Llego furioso a su casa y cuando le ´preguntaba por el viaje a Medellín se quedaba callado. Una mañana reunió a familia y le dijo que no se operaba. Se acostó en una hamaca, de esas que nuestros artesanos hacen en Morroa, a mirar el techo. Su sistema inmunológico apagado y como sucede en estos casos se contagió de una enfermedad infantil y falleció. Como el país de esa época estaba el viejo ganadero: arrugado, deprimido, sin esperanza y meciendo su tristeza en una hamaca.

Para el otro viejo ganadero que vivía en Montería esta muerte lo golpeo mucho. No obstante,consiguió una motivación: todas las tardes el conductor de años de su casa lo llevaba a ver el progreso del puente Segundo Centenario de Montería. Miraba cada avance, cada guaya, cada pivote. Regresaba después de su interventoría a su tertulia de pueblo y sus compañeros le hacían bromas sobre el avance de la obra.

Vaticinaban que se demoraría décadas y que solo sus nietos, lo verían. Respondía: “Uribe lo va a lograr”. Ese puente por cierto está en dirección opuesta al Ubérrimo que en el imaginario esquizoide de los malquerientes lo pintaban hacia la trinchera moral del Expresidente localizado en el Sabanal: El Ubérrimo. En el 2006 el puente fue inaugurado.

Este viejo feliz lo cruzo y volvió a su predio de donde lo había espantado la guerrilla delincuencial 10 años. Sus pupilas plenas, la corteza visual del cerebro fatigada y con la cámara del corazón debilitado tomo imágenes de su finca. El verde del Sinú desteñido por el abandono, el angleton esclavizado por la maleza que inclemente arrodillaba esta gramínea. El mataratón de pies -como algunos colombianos- delimitando los potreros. Esas imágenes lo acompañaron hasta el día en que falleció al lado de sus seres queridos. Pudo reír viendo en sus últimos días como sus herederos la transformaron y recuperaron.

Cuando me preguntan acá y en el exterior, que es la seguridad democrática. Les respondo: siéntense y permítanme referirles la historia de estos dos ganaderos. Se las cuento .La seguridad democrática es el derecho fundamental que  el colombiano tiene de vivir y envejecer dignamente. El derecho de recuperar el privilegio de morir de muerte natural al lado de sus seres queridos por los cuales trabajo toda su vida.

Presidente Uribe: gratitud infinita por habernos despertado y recuperado ese derecho.

@Rembertoburgose

Publicado: septiembre 13 de 2019