En Colombia reina la hipocresía. Todos sabemos que migración incontrolable de venezolanos hacía Colombia y otros países de Latinoamérica pronto se saldrá de control convirtiéndose en un problema que llegará a límites inimaginables de xenofobia. 

La tragedia del pueblo venezolano genera sentimientos de solidaridad. Quien, humanamente sensible, no se compadece ante el sufrimiento de más de un millón de venezolanos que han llegado al país deambulando por carreteras, invadiendo calles, parques y ciudades, huyendo del infierno en el que se convirtió Venezuela.  

La solidaridad tiene límites, no lo duden. Cuando los venezolanos se conviertan en problema, comienza a desaparecer la solidaridad y se gestan sentimientos de rechazo y desafecto (eso pasó en Europa). Los venezolanos no son responsables directos de los problemas sistemáticos de inseguridad, pero comenzamos a escuchar noticias de criminalidad donde resultan involucrados venezolanos. De igual forma, los venezolanos están desplazando la mano de obra no calificada en ciudades y zonas rurales, lo que conlleva deterioro en el consumo y las economías regionales y locales, y crecimiento en los indicadores de desempleo.

Empleadores están prefiriendo pagar salarios pírricos a venezolanos para evadir carga prestacional y parafiscal del empleado colombiano. El mismo Presidente de la República, Iván Duque, acaba de alertar que la migración venezolana afecta el 0.5 % del producto interno bruto (PIB) con un impacto en la economía de 4.2 billones de pesos.  

Comparto la tesis de que los venezolanos tienen que solucionar sus problemas internos, ellos son responsables de su crisis política y humanitaria, ellos la gestaron, ellos alimentaron ese monstruo llamado “chavismo”. Serán ellos quienes deban salir de ese engendro como sea. Pero, la gotera de mi vecino comienza a deteriorar el tejado de mi casa, es oportuno preguntarnos ¿esperamos que se nos caiga el techo del vecino y el nuestro encima o solucionamos el problema de la gotera? 

Nadie está pidiendo una guerra entre Colombia y Venezuela. Aquí lo que quieren repetir es la historia del proceso de La Habana, donde para apabullar a quienes nos opusimos al pacto de impunidad, se les hizo fácil señalarnos de aliados de la guerra y un sin número de calificativos para silenciarnos. Lo que se planteó -ante las agresiones verbales consecutivas y acciones militares ofensivas en la frontera por parte de las fuerzas militares de Venezuela- fue buscar el apoyo militar de los EE.UU. ante cualquier acto de agresión contra la soberanía colombiana. 

Ojalá la estupidez de un demente dictador como Nicolás Maduro, no llegue al escenario fatídico de proceder militarmente contra Colombia, como acto desesperado y distractor. Estamos amenazados constantemente por una banda de forajidos y criminales, el deber del Presidente Duque, es preservar y garantizar la seguridad de todos los colombianos. 

Estoy seguro que lo que más desean los millones de venezolanos es recuperar su país, la Venezuela altiva, grande económicamente, que conocimos y envidiábamos. Los venezolanos no necesitan trinos, aspavientos ni lloriqueos para salir de la crisis, los venezolanos desean y esperan que los Estados demócratas procedan contra un régimen dictatorial y criminal.

 Esta tragedia que nos envuelve no se resuelve con marchas, cartas o cumbres, se resuelve con el imperio de la fuerza.  

@LaureanoTirado

Publicado: octubre 1 de 2018