Hizo muy bien el gobierno del presidente Duque al calificar como terrorista a Hezbollah –partido de Dios-, organización fundada en el sur del Líbano en 1982, como consecuencia de las secuelas que dejó la invasión de ese país por parte de Israel en 1978, conocida como la “operación Litani”. 

En 1982, Israel invadió nuevamente al sur del Líbano y aquello encendió la llama para que un grupo de jóvenes musulmanes chií, liderados por Sayid Hassan Nasrallah -para la época con 22 años- crearan lo que hoy es conocida como una de las organizaciones más peligrosas del planeta Tierra. 

En su maravillosa obra intitulada Hezbollah, el profesor August Richard Norton, hace un inteligente recorrido y análisis del peligro que encarna esa estructura delincuencial, cuya amenaza ahora se cierne sobre nuestro país.

Es sabido que desde hace mucho tiempo, la Venezuela chavista abrió sus puertas para el ingreso que distintas células de Hezbollah ingresen a ese país, con el propósito de planificar acciones delictivas en toda nuestra región. 

Suramérica es el refugio ideal para individuos de alta peligrosidad, estrechamente vinculados con el terrorismo islamista, y el chavismo, con fuertes lazos con Irán y Siria, países que son en la práctica los principales promotores de Hezbollah, se ha empleado a fondo para facilitar la estadía de sus miembros en distintos puntos de la geografía venezolana.  

De acuerdo con una fuente de la inteligencia militar que habló con LOS IRREVERENTES, en el municipio de Maicao -La Guajira-, donde reside un importante grupo de inmigrantes musulmanes libaneses, surgieron los primeros indicios de la presencia de personas vinculadas con Hezbollah en nuestro país. 

El terrorismo no conoce ni de ideologías ni tiene límite ninguno. Es evidente que el negocio de la cocaína es atractivo para los miembros del grupo terrorista musulmán que ahora se ha convertido en una amenaza para nuestra seguridad nacional. 

Así mismo, el gobierno de los Estados Unidos, tiene evidencias que indican que los grupos terroristas Farc y Eln mantienen fuertes lazos con Hezbollah, precisamente para adelantar conjuntamente actividades de tráfico de sustancias estupefacientes. 

Resulta preocupante que los tentáculos de ese grupo terrorista, cuyo escudo está engalanado con la imagen de un fusil Kalashnikov, estén llegando a la capital colombiana, donde células de extrema izquierda -liderados por Gustavo Petro- están empleadas a fondo con el propósito oscuro de alterar el orden público a través de acciones de agitación y vandalismo. 

Este portal, confirmó que desde mediados del año pasado, el presidente Iván Duque y su entonces canciller y hoy ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo empezaron a evaluar la situación de Hezbollah y las consecuencias que traería para el país declarar a ese grupo como una estructura terrorista. 

El caso de Hezbollah es preocupantemente parecido al de las Farc. Se trata de un partido político que opera en la legalidad y que paralelamente tiene un brazo armado, capaz de acometer las acciones más violentas posibles. 

La única diferencia entre la agrupación libanesa y la colombiana es que Hezbollah es, en efecto, uno de los partidos políticos más poderosos del pequeño Estado árabe, mientras que las Farc son una cuestión marginal, incapaz de aglutinar electores y profundamente despreciada por la opinión pública.

Pero al final del día, terminan siendo una misma cosa: terroristas desenfrenados, capaces de cualquier cosa, e involucrados hasta la coronilla en el tráfico de drogas ilícitas. 

Así que el socio ideal para Hezbollah en Colombia es, por supuesto, el lánguido partido regentado por el narcotraficante, alias Timochenko.

@IrreverentesCol

Publicado: enero 27 de 2020