Las Farc no tienen coartada. No existe la menor duda de que la operación de narcotráfico de 10 toneladas de cocaína que el terrorista alias Jesús Sántrich proyectaba enviar a los Estados Unidos tuvo lugar entre junio de 2017 y abril del presente año, lo que deja sin margen de acción al tribunal para la impunidad creado para las Farc y que es conocido comúnmente como la JEP.

Tal y como revelaron LOS IRREVERENTES, en el Indictment contra Sántrich y sus compinches queda claro que los 3 delitos por los que la justicia estadounidense ha solicitado a los integrantes de esa bandola criminal deberán ser pagados en los Estados Unidos. Sántrich y sus narco socios, se enfrentan a penas superiores a 30 años.

Este episodio ha servido para que el país confirme que las Farc no se desmovilizaron ni se reincorporaron a la vida civil, tal y como lo ha asegurado Santos desde el primer momento.

La fuga del terrorista alias El paisa, uno de los peores sanguinarios de esa guerrilla, debe ser motivo de angustia y preocupación. El gobierno no tiene control efectivo sobre ninguno de los terroristas de las Farc que valga decirlo, aun estando en la órbita de la JEP, continúan teniendo cuentas pendientes con la justicia por delitos de lesa humanidad.

Preocupa, así mismo, que el gran capo de esa guerrilla, el genocida alias Iván Márquez, también se haya fugado a la zona rural en el departamento del Caquetá. En caso de que una autoridad judicial lo cite, será prácticamente imposible dar con su paradero.

El gobierno de Santos es perfectamente impotente ante el poder criminal de las Farc. No tiene capacidad ninguna de controlar a los desmovilizados ni de garantizar que éstos serán conducidos ante la justicia cuando sean requeridos.

El candidato liberal, Humberto de La Calle, aseguraba que él negoció “el mejor acuerdo posible”. El desarrollo de los acontecimientos ha evidenciado que la verdad es que aquel fue el peor acuerdo posible. El Estado renunció a emprender cualquier acción contra las Farc. Sus cabecillas pueden, como en su momento hizo Pablo Escobar, fugarse cuando les venga en gana y, lo que es peor, continuar delinquiendo con el apoyo criminal de miles de hombres armados que integran las risiblemente denominadas “disidencias”.

Es posible sacar conclusiones. La primera de ellas es que las Farc no dejaron de delinquir un solo minuto. Se valieron del “mejor acuerdo posible” para negociar toneladas de cocaína y para dejar en vastas regiones de Colombia peligrosos grupos armados encargados de cuidarles el negocio.

La segunda conclusión: el proceso de paz no existe. Santos hizo una puesta en escena para embaucar a Colombia y al mundo y, de paso, hacerse al Nobel de paz que le sonsacó al gobierno de Noruega.

El de Santos y las Farc fue un acuerdo de papel que en un año y medio quedó hecho trizas por cuenta de la falta de compromiso de los terroristas que vieron en esa negociación una oportunidad para legalizar su fortuna, convertirse en partido político y quedar habilitados para seguir traficando cocaína.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 23 de 2018